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Guillermo Herrera Márquez
Guillermo Herrera Márquez
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02 Noviembre 2013 02:00:17
No nos queremos morir
En este pintoresco país nos gusta celebrar, incluso dicen algunos que hasta reírnos de la muerte sin embargo lo hacemos de una manera puramente folklórica y festiva, no de manera previsora.

Es un argumento muy atractivo para un guión de cine al más puro estilo de Emilio “El Indio Fernández” decir que los mexicanos nos burlamos de la muerte, sin embargo, es una mentira total, nos asusta pensar que tarde o temprano vamos a dejar este mundo, incluso nos aterra considerar que debemos prever gastos funerarios.

Los mexicanos destinamos un porcentaje considerable del salario para adquirir bienes o productos de gozo inmediato, bienes como los automóviles, viajes, casas, celulares, educación y terrenos, sin embargo destinamos muy poco o nada en comprar un seguro de vida o bien adquirir un espacio funerario, son aspectos en los que no quisiéramos pensar aunque sabemos que tarde o temprano se van a requerir.

Según datos del INEGI solamente el 9% de los finados en este país contaba con un plan de previsión funeraria, por lo que el resto además del dolor dejaron un trámite caro y complicado por cumplir a sus seres queridos.

En este país tan disparejo en materia económica hasta al momento de morir se muestran clases, existen servicios funerarios que alcanzan los 180 mil pesos, donde se ofrece además de lo tradicional servicio de ballet parking, servicio de internet en el centro de negocios, coros profesionales y esquelas en diarios de circulación nacional, mientras que por otro lado existen opciones del Sistema de Velatorios del IMSS que ofrecen servicios desde 7 mil 500 pesos. Vale pena mencionar que existen también dependencias gubernamentales que ayudan a las familias de escasos recursos que no cuentan con dinero suficiente para velar y dar sepultura a sus difuntos.

Otra muestra de la precaria cultura previsora que tenemos en nuestro bello México es que solamente el 16.98 por ciento de los mexicanos teníamos en el año 2010 un seguro de vida según estadísticas de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS).

Hablando en términos macroeconómicos podemos señalar además que la penetración del seguro de vida en relación al Producto Interno Bruto alcanza apenas el 0.9 por ciento y representa el 41 por ciento de la participación total del mercado asegurador.

Es tanta la seriedad que se le tiene a la muerte en México que incluso hoy 2 de Noviembre se celebra la fiesta patronal de la Santa Muerte, la cual ha visto crecer de manera muy significativa en un periodo de tiempo muy corto su número de fieles. Los adeptos o seguidores al culto de la también llamada “Niña Blanca” consideran que existe mucho desconocimiento respecto a ella y aseguran que fue creada por Dios y que no necesariamente es usada con fines maléficos como muchos consideran.

Conscientes de que son miles los problemas legales que conlleva no darle importancia a la muerte las autoridades federales de este país instauraron hace años a septiembre como el mes del testamento, lo cual poco a poco ha venido cambiado los patrones culturales que tenemos, al grado de que este año se debió extender hasta octubre.

David Arellano Cuan, quien es titular de la Unidad de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Gobernación señaló en días pasados que en este 2013 se incrementó un 20 por ciento el número de testamentos otorgados con respecto al mismo periodo del año anterior, lo que refleja que poco a poco se avanza en materia de cultura testamentaria.

Existen otros que se enredan en la bandera deseando tirarse de un balcón del Castillo de Chapultepec y son quienes señalan que en México debería de solamente celebrarse el Día de Muertos y no la Noche de Halloween, una fiesta muy norteamericana, pero que resulta muy divertida para los niños, sin embargo no existe comparación alguna ya que se festejan aspectos distintos y de manera muy diferente.

Aunque mucho se diga que la muerte no nos asusta a los mexicanos, sí demostramos al igual que muchas culturas un temor a lo desconocido, a dejar este mundo terrenal y preferimos hacer caso omiso de nuestras preocupaciones bajo una máscara tradicional con música, comida y fiesta.





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