×
David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
ver +

" Comentar Imprimir
12 Octubre 2019 04:06:00
‘No todas las opiniones son respetables’
La especialista en Ética, Adela Cortina, ha explicado la diferencia entre el respeto que debe guardarse a todas las personas (por el solo hecho de ser personas) y el respeto que debe o no darse a sus ideas y opiniones. “A las personas hay que respetarlas siempre. A las personas. Otra cosa son sus opiniones. No todas las opiniones son respetables, ni muchísimo menos”, afirmó recientemente Cortina en el marco de la plática que sostuvo con el profesor Juan Carlos Hervás, denominada Aporofobia: No se rechaza al extranjero, sino al pobre, en el marco del proyecto educativo Aprendemos Juntos, del Banco BBVA.

Para esta filósofa española, cuyo pensamiento hoy en día tiene una influencia muy importante en varios países, existen opiniones que no merecen ser respetadas y no deben, ni siquiera, ser toleradas. En ese sentido, sostiene que siempre deben diferenciarse las personas de las opiniones y que, si éstas últimas quieren respeto, deben ganárselo.

Casos como el del presidente Trump al afirmar que México solo envía a Estados Unidos gente con un montón de problemas, quienes llevan consigo drogas, crimen, así como violadores, o el de la directora de moda de la Revista Vanity Fair España, la cual fue despedida después de utilizar su cuenta de Instagram para hacer comentarios racistas en contra de las mujeres, o el de la piloto mexicana que “sugirió” lanzar una bomba en el Zócalo de la Ciudad de México, ponen de manifiesto que existen opiniones que, evidentemente, no merecen ser respetadas.

No existe la menor duda acerca de que la libertad de expresión, la cual incluye a la libertad de pensamiento, es un derecho universal de todas las personas, consistente en que puede externarse libremente una opinión, cualquiera que sea, de forma verbal o escrita, a través de todos los medios, sin restricciones y sin que se reciba reprimenda alguna, ni se padezca consecuencia adversa, por el solo hecho de expresarla.

Aunque, si bien es cierto, la expresión está protegida por normas no solo jurídicas, sino por otras de tipo cultural, ético y social, también lo es que su contenido no corre la misma suerte. Se protege, defiende y respeta la expresión, pero no necesariamente su contenido.

La libertad de expresión, que también abarca el derecho a buscar y recibir información, ideas y opiniones, como el resto de los derechos humanos, no es un derecho absoluto (no existen derechos absolutos).

Esto básicamente es así por dos razones: por una parte, debido a que los derechos propios requieren ser limitados por los derechos de los demás, es decir, es necesario armonizar los derechos de todos; por la otra, toda vez que con frecuencia los derechos entran en conflicto (“chocan”) unos con otros, piénsese, por ejemplo, en el derecho a manifestarse, de cara al derecho a la libertad de tránsito.

Pues lo mismo sucede con la libertad de expresión, con la manifestación de las ideas y las opiniones. La libertad de expresión no es un derecho ilimitado. Lo que una persona expresa, lo que dice sobre otra u otras, o acerca de algo, tiene como límites jurídicos la vida privada y la reputación de los demás, su derecho al honor, la moral, la seguridad y la salud pública.

Y lo más importante, no radica en el hecho de que una persona sea sancionada legalmente por trasgredir el derecho de otra, sino en que, al hacerlo, afecta prácticas sociales, costumbres, valores y principios, como la dignidad humana, esenciales para que los miembros de una sociedad vivan en paz y armonía.

El boom de las redes sociales y el acceso a los teléfonos inteligentes, en un contexto de desconfianza social, indiferencia y de insuficiencia de entendimiento, ha dado lugar a la expansión sin fronteras de ideas y opiniones que, en ocasiones, resultan contrarias a los valores mínimos que han demostrado ser determinantes para la convivencia y la evolución de los seres humanos. Es necesario no perder de vista que para no afectar esos valores mínimos deben conocerse y respetarse las muchas culturas, subculturas y la infinidad de contextos en que viven las personas, pues, aunque existen criterios universales, en no pocas ocasiones, no significan exactamente lo mismo ni trascienden igual para todos.

Problemas muy serios que en este momento afectan a habitantes de todas las regiones del planeta, como el racismo, la xenofobia, el clasismo, la homofobia, el genocidio, la segregación, la aporofobia (“el rechazo al pobre”, según Adela Cortina) y, en general, la discriminación, tienen su origen, en gran medida, en la misma causa: opiniones que detonan y alimentan el odio y la intolerancia, y que, por ese motivo, no son respetables y no merecen ser respetadas (según el Diccionario de la RAE, “respetar” significa “tener veneración, acatamiento, miramiento”).

Así que la próxima vez que no coincidas con las ideas u opiniones de alguien, recuerda que lo respetable es la persona y su derecho a opinar, pero no necesariamente sus opiniones, especialmente cuando son contrarias a los valores y a la ética.

Imprimir
COMENTARIOS


6

  • 8 9
  • 7
1
3 4
5 6 7 8 9 60 61 62 63 64 65