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Eduardo Castañeda Sarabia
Eduardo Castañeda Sarabia
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Eduardo Castañeda Sarabia es originario de la Ciudad de México(1976) Periodista, devenido maestro, columnista, arreglista y compositor, empresario restaurantero y crítico cinematográfico-musical. Mitad capitalino, mitad regiomontano, escribió seis años para el diario Reforma, ofreció cátedra durante un año, y llenó estómagos por el resto de sus días en El Hijo de la Tostada, el restorán de su propiedad".

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09 Septiembre 2008 04:00:00
No todo en Francia es de lujo
De la selección de Cámara Alternativa de Cinemark, a veces viajo al cine con reservas. Definitivamente, no todo el cine extranjero merece atención, ni considerarse de arte.

"Seductor de Lujo", comedia francesa de medio pelo, es el tema que nos atañe hoy día. En ella, Franssou (Isabelle Carré), una maestra de secundaria de mediana edad y gran belleza, hereda de un día para otro medio millón de euros, y decide cambiar su vida.

Entre que su anterior pareja le pide comprar un colchón nuevo, o ahorrarlo, ella aborrece la idea y se va de viaje con grandes placeres a Cannes, ciudad cinematográfica por excelencia. Y ahí, conoce a Stephane (José
García).

Él, presunto organizador de un concierto de Elton John, se la pasó timando y estafando a la gente, y al conocer a Franssou, con su caprichosa chequera, ve en ella su gran oportunidad.

Partiendo de eso, el director se encarga de hacer una comedia de situaciones y enredos, pero meramente se queda a medio camino de realizar un material digerible y entretenido.

Fuera del parecido del protagonista con Mel Gibson, no hay mucho para comentar; la obsesión de la mujer por sentirse amada y deseada, el intento de risas por medio de momentos chuscos que no llegan, el centrar el filme en dos protagonistas que no se entienden del todo en el plató, etcétera.

Pensaba en los defectos de la cinta. Con un mayor desarrollo de personajes, quizás el público se habría encariñado con Stephane, un mitómano de primera, o con Franssou, belleza parisina ávida de cariño. Pero en suma, ambos causan algo de tedio: ella, necesita de piropos; él, algo de dinero.

La cinta queda sostenida por hilos muy delgados a lo largo de hora y media. Al no querer hacer una slapstick comedy (comedia de pastelazo), recurre al encanto de sus personajes para levantar el asunto. Y pues la verdad, no, no levantan ni un cartelón.

Arremetiendo contra la cinta, sería interesante hacer un intercambio de directores entre México y Francia. ¿Qué haría un Fernando Sariñana por allá? ¿Cómo tomarían una comedia de Alfonso Cuarón en esos rumbos?
Algo interesante, sin duda. No por los albures o mexicanadas de comedias promedio, sino por la inventiva y la cadencia que le imprimen a sus filmes.
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