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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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28 Julio 2020 04:09:00
Nos quedamos en el show
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Bueno, pues a nuestro Presidente le encanta el show. Nada lo mueve de su agenda, ni siquiera un golpe como el que asestó “Hanna” a Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, con esa estela de pérdidas humanas y daños materiales.

No, nada lo mueve y por eso ponderó el exhibir ese avión faraónico “como prueba de lo mal que se gobernaba antes”. Y tiene razón al señalar que el avión presidencial es una bofetada para el pueblo.

La corrupción, el exceso y la omisión de quienes nos gobiernan siempre son una afrenta para la ciudadanía. Pero, ¿nos quedamos con el show?

A ver, que la corrupción en el quehacer público alcanzó niveles inéditos en el sexenio de Enrique Peña Nieto resulta una suerte de axioma, una gran verdad que no necesita comprobación.

No solo Odebrecht y la Casa Blanca, por citar solo dos ejemplos del exceso y la impudicia; tenemos a los exgobernadores, ese nefasto ejemplo del “nuevo PRI”: Roberto Borge, César y Javier Duarte, y media docena más, que resultaron más voraces que talentosos, más hampones que mandatarios.

Pero a estas alturas, los mexicanos no necesitamos que se exhiba la corrupción, que además se registró en forma sistemática, generalizada y descarada. Lo que necesitamos es que se haga justicia.

Solo a manera de ejemplo, los mexicanos no necesitamos que las afirmaciones del ahora testigo protegido, el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, alimenten circos mediáticos y se usen con fines meramente políticos. Necesitamos que estas afirmaciones se prueben y que los responsables del saqueo, del desvío, de la corruptela, paguen en la cárcel todo el daño que hicieron.

Andrés Manuel sostiene que no lo mueve la venganza y reitera esas ambigüedades de que si el pueblo quiere esto o lo otro. No, ya es tiempo de ser congruente con la oferta que lo llevó al poder y dejar atrás la retórica propia de un candidato, la amenaza sin consecuencia.

Es tiempo de que el que la hizo, efectivamente la pague. Algo menos resultará, a la postre, una bofetada para todos los que realmente creen que el combate a la corrupción va en serio.

Si realmente se pretende desterrar ese cáncer que es la corrupción se debe mandar un mensaje claro y contundente de que se castigará el exceso y la omisión, y no hay nada más contundente que ver a los que se enriquecieron mientras decían que nos gobernaban, camino al penal, agarrados del cuello por un elemento de la Marina.

Cierre los ojos e imagine a quién le gustaría ver en ese trance, en el que hemos visto ya a varios capos. Seguramente al que imagino, más que merecido lo tendría.

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