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Juan Latapí
Juan Latapí
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08 Diciembre 2019 03:10:00
Nos vale
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Todos los días vemos esa “nata” color plomizo flotando sobre Monclova y mientras la respiramos vemos también cómo se arrojan a la atmósfera, a todas horas, humos de diferentes colores, mientras las empresas nos dicen que no contaminan, que tienen certificados de “empresas limpias”. Y aunque no siempre lo veamos, también se sabe que las aguas residuales contaminan los arroyos y el suelo. Pero más grave aún es el poco interés y apatía que prevalecen ante esta situación que nos está afectando a nivel global.

Y claro, ante esta indiferencia ni quien pele la Cumbre del Clima que se efectúa en estos días en Madrid, y eso que México es uno de los 20 mayores emisores de gases invernadero en el planeta al tener su política energética sustentada en el uso de combustibles fósiles, que va contra todos los criterios ambientalistas establecidos y con mínimas las acciones para combatir el cambio climático.

Ese desinterés se puede apreciar en el presupuesto federal del presente año al que se destinaron a la explotación del gas y petróleo -principales causantes del cambio climático- el 10.5% del presupuesto total de la Federación, mientras que los recursos para combatir el cambio climático no llegaron siquiera al 1%.

Y peor aún, para el próximo año se destinará más del 11% a los hidrocarburos. Por su parte, la Secretaría de Energía (Sener) -que coordina la política energética del país- destinó para 2019 el 92.3% de su presupuesto a acciones relacionadas con gas y petróleo y solo 7.7% para otro tipo de energías. Para 2020 los recursos para gas y petróleo aumentarán al 95.7% del presupuesto total de Sener y solo 1.3% para acciones relacionadas con el cambio climático.

Por otro lado, la Sener buscó cambiar las reglas para conceder certificaciones de energía limpia a plantas eléctricas antiguas, devaluando el valor real de los certificados e inutilizando su función como mecanismo para promover las energías renovables y acelerar la transición energética.

En su programa de gobierno AMLO prometió que “no se usarán métodos de extracción de materias primas que afecten la naturaleza y agoten las vertientes de agua, como el fracking”, sin embargo, el presupuesto aprobado para 2020 incluye recursos para la explotación de gas y petróleo mediante el uso del fracking. Y si al presupuesto para 2019 se le asignaron 6,000 millones de pesos, para 2020 se asignaron casi 11 mil millones, lo que no solo significa que se pretende seguir con el fracking, sino que se le está asignando más presupuesto que antes.

Otra muestra del desinterés está en el incumplimiento de la Ley General de Cambio Climático, ya que la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (CICC) debe sesionar ordinariamente dos veces al año y solo hasta el pasado mes de noviembre realizó su primera sesión, sin la participación del Presidente de la República, quien debe presidir la CICC de acuerdo con la Ley General de Cambio Climático.

Hace apenas unos días en México un grupo de organizaciones de la sociedad civil y expertos en cambio climático, así como defensores de los derechos humanos, denunciaron mediante un comunicado todo este tipo de anomalías y apatía en las que, lejos de acercarse al cumplimiento de las metas de cambio climático, México está caminando en dirección contraria a la vez que desconoce las obligaciones constitucionales que tienen las autoridades para respetar, proteger, promover y garantizar los derechos humanos de la población, incluidos los derechos al medio ambiente sano y a la salud. Todo esto requiere, entre otras cuestiones, que el gobierno mexicano tome las medidas adecuadas para evitar acciones que contaminen grave e irreversiblemente el aire, el suelo, el agua y que causan serias afectaciones a nuestra salud y a las condiciones de vida de la población.

De no hacerlo, el futuro de las generaciones presentes y venideras está condenado por la apatía y por las decisiones centradas en el impulso a los combustibles fósiles, como lo está haciendo el gobierno.

Mientras tanto, esa “nata” color plomizo sigue flotando sobre Monclova, la respiramos y aún así nos vale ante el desinterés y apatía del gobierno -en sus tres órdenes incluyendo legisladores-, y lo que es peor, vemos cómo nuestra propia apatía nos está
dañando, y nos vale.

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