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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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12 Septiembre 2011 03:00:34
Nuestra experiencia de Cristo en la liturgia
En la profundidad de la liturgia está el “Misterio Pascual”, esto es en el tránsito de Cristo a través de su pasión, muerte y resurrección. Es aquí donde se encuentra la esencia más noble de la presencia y la acción de Cristo.

Cristo, encarnado y glorificado, en la Gloria del Padre, no está presente solamente “bajo las especies eucarísticas”. Él está presente también en todos los sacramentos, “de modo que cuando uno bautiza es Cristo mismo el que bautiza”. Él está presente también en su palabra, en la Sagrada Escritura, que la liturgia anuncia y explica. Es Él mismo quien habla en esta su Palabra. Él está presente en la liturgia cuando la Iglesia ora y canta.

Esta repetición de las palabras “está presente”, demuestra lo lejos que está la visión restringida según la cual la “presencia” de Cristo glorificado en la Iglesia terrena, estuviera solamente en la eucaristía. En la Liturgia Cristo se hace presente de diversas maneras. De una manera “bajo las especies eucarísticas”, de otra, por medio de su palabra. En efecto, Jesús dice: “la paz les dejo, mi paz les doy… Quien permanece en Mí y yo en Él, da mucho fruto”. Precisamente a causa de “esta presencia”, que se realiza por medio de signos sensibles, se lleva a cabo la santificación del hombre.

Precisamente porque se realiza la presencia de Cristo en la liturgia, el cristiano, ¿no debería darse cuenta de esta presencia, de alguna manera?. Los más antiguos himnos sagrados que se han rezado y cantado en la liturgia por todo el pueblo, expresan la experiencia de esta presencia de Cristo.

Cuando la comunidad cristiana, en la acción litúrgica, escucha, ora y canta, la fuerza de la fe se reaviva en los corazones, porque siempre la acompaña una luz interior que los cristianos la conocen bien y la piden.

Esta luz es Cristo, que ilumina el alma y sus sentidos. Los cristianos, cuando oran, piden a Dios que ilumine la oscuridad interior, a fin de que la mente pueda gozar de esta luz. Jesucristo está “realmente” presente en los cristianos. Cuando los cristianos piden ser “iluminados”, lo que están pidiendo es la presencia experimental de Cristo para poder sentirla.

Cuando Cristo ilumina el alma, la despierta de su somnolencia y la libera de las cadenas del pecado. Los cristianos lo invocan cuando dicen: “Tú que participas de la luz del Padre, que eres Tú mismo luz de luz, libera nuestra alma de la oscuridad”. O también cuando dicen: “Tú, Jesucristo, quita el sueño, rompe las ataduras de la noche, deshaz el viejo pecado, ilumina el corazón con una nueva luz”.

Y también es notable, cómo la sola mirada de Cristo, indujo a Pedro, al arrepentimiento después de que lo negó tres veces. De esta manera Cristo lavó la culpa de Pedro con solo su mirada.

Por eso, se entiende cómo la mirada interior de Cristo es, para todos los cristianos, un medio de redención, como se verifica cada vez que un pecador se confiesa sacramentalmente, al recuperar la paz interior y la liberación del sentimiento de culpa.

Estos son los cristianos, que se alimentan con la Sagrada Escritura y reciben con regularidad los sacramentos de la Iglesia. Encontramos claramente en las cartas de san Pablo expresiones que manifiestan la unión vital y experimental que el apóstol de los gentiles tenía de Cristo glorificado. Esta experiencia, según san Pablo, no es un privilegio especial, ni una cosa que supere la vocación del cristiano ordinario. En 2 Corintios 13, 5, él supone que todos los cristianos vivan la unión experimental con Cristo: “¡Pónganse a prueba para ver si están en la fe, examínense a ustedes mismos! ¿O no saben reconocer que Jesús está en ustedes? a través de la experiencia de Cristo podrán reconocer ustedes mismos si están en lo justo. Y entonces tendrán la prueba de que es Cristo el que habla en mí” (2 Cor. 13, 3).
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