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Guillermo Herrera Márquez
Guillermo Herrera Márquez
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20 Julio 2013 03:00:15
Nuestro Saltillo melancólico
Saltillo es una ciudad peculiar en muchos aspectos, palpable esta diversidad de manera más descarada para quienes no han crecido aquí, pero que para quienes vivimos aquí por mucho tiempo perdemos la perspectiva de nuestro innegable aire provinciano.

Pareciera que el tiempo en la capital de Coahuila corre en dos velocidades, para muchos el reloj avanza muy despacio y para otros el cronómetro avanza a gran paso con vialidades de ciudad moderna, pero que mantiene su dosis nostálgica del pasado, del Saltillo del Siglo 17 o 19.

Los saltillenses somos muy peculiares, han pasado ya más de 20 años desde que inició el uso de los cajeros bancarios y seguimos manteniendo esa desconfianza inicial, dedicamos minutos valiosos para leer siempre la misma información, sacamos e ingresamos la tarjeta de crédito o débito hasta en cinco ocasiones para realizar el mismo trámite al menos dos veces por quincena. Pareciera un proceso distinto en cada ocasión y le dedicamos hasta 10 minutos a un proceso diseñado para tardarnos 3 minutos a lo más.

Tiendas muy populares de conveniencia con letras x se han visto invadidas en los últimos años con clientes que acuden, pero no a comprar objetos materiales sino a comprar tiempo aire para su teléfono celular y siempre que acuden olvidan el número telefónico y deben buscarlo en el aparato mismo, proceso que toma al menos 5 o 6 minutos por cliente, mucho si tomamos en cuenta que los inventos y creadores de dicho sistema lo consideraron para uno o dos minutos.

El momento de conducir en nuestras calles también es muy peculiar, se han creado vías rápidas para transitar a una velocidad moderada pero constante sin embargo seguimos manejando de la misma forma que lo hacíamos hace años en los callejones chuecos y mal creados del centro. Es tanta nuestra falta de cultura al conducir que frenamos y nos detenemos de manera abrupta arriba de los puentes y por ello los accidentes están a la orden del día.

Nuestro centro de la ciudad también es nostálgicamente mágico, comercios sobreviven a pesar de la modernidad y el devenir del tiempo mostrando e incluso vendiendo los mismos productos que lo hacían generaciones anteriores, incluso ya con vidrios y aparadores amarillentos por el paso del tiempo, además de banquetas diseñadas para una o dos personas como límite. Clubes sociales mantienen pura su tradición y legado familiar, existen muchas personas en esta bella ciudad que de manera inconsciente tratan de descifrar implacablemente el árbol genealógico de las personas y siempre tratan de encontrar familiaridad con las personas del Saltillo del siglo pasado, incluso con profesiones y oficios que se vivían décadas atrás, les hacen ruido los apellidos foráneos.

Existen todavía los que llaman a la ciudad el “Atenas de México” porque años atrás brillaba nuestra ciudad por sus instituciones educativas legendarias, las cuales se veían inundadas por estudiantes foráneos del resto del estado, incluso del noreste del país, hoy todos los estados e incluso la ciudad se han visto invadidas por nuevas instituciones con prestigio propio. Años atrás un docente en mis años de universitario argumentaba que los saltillenses somos una sociedad desconfiada por naturaleza, atribuyendo dicha característica al sentido de que la ciudad está situada geográficamente como un punto de paso para muchos destinos del noreste del país y que nos veíamos visitados por una gran cantidad de forasteros y los locales a manera de protección se hicieron cuidadosos en su trato con personas o procesos que no conocen.

El mundo va a una velocidad endemoniada, necesitamos dotarnos de una gran dosis de paciencia y tranquilidad para no perder la calma y poder disfrutar nuestra bella ciudad, una ciudad que no pierde su toque colonial pero que tanto atrae a muchas personas por su peculiaridad, Saltillo es presente y es pasado.

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