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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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14 Mayo 2020 04:07:00
‘Nueva normalidad’ en la República disfuncional
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Algo que ha marcado el desarrollo de la pandemia de Covid-19 en México, y que la volvió “diferente” al resto del mundo, fue la forma errática en que el Gobierno federal enfocó desde un principio el problema, minimizando el grave impacto que tendría el nuevo virus en la salud y le economía del país y confundiendo advertencias y alarmas, tanto internas como externas, con una “conspiración” en contra del Presidente y su 4T.

Para cuando López Obrador y su Gobierno reaccionaron y dejaron de decirle a la gente que “no pasaba nada, que el problema no era tan grave, que se exageraba y que ni el virus era tan letal”, las cifras de mexicanos contagiados y muertos subían con rapidez. La realidad nos alcanzó y los llamados al aislamiento social y a la “sana distancia” surtieron efecto a medias.

Una de las consecuencias de las contradicciones constantes en las que cayó el Presidente y su grupo de científicos expertos encabezados por el doctor Hugo López-Gatell, fue que en el resto de la República los estados y sus gobernantes comenzaran a tomar sus propias medidas y a desatender los mandatos del Consejo de Salubridad General, convocado tardíamente y con un trabajo a medias a pesar de ser el órgano que la Constitución marca como “máxima autoridad” en una emergencia sanitaria.

Así, fragmentados, divididos y a veces incluso confrontados, nos convertimos en una República disfuncional, justo en la peor pandemia que haya sufrido la humanidad reciente, la que todo mundo considera como el peor colapso internacional después de la Segunda Guerra Mundial. Y cuando estamos aún en esa parte crítica en la zona más poblada del país, el Valle de México, ahora el Gobierno de López Obrador presenta el plan para la reapertura de actividades y el regreso a la llamada “nueva normalidad”.

De entrada, llamó mucho la atención que al presentar ese plan, el propio presidente López Obrador dijera ayer que el protocolo no era de observancia y aplicación obligatoria para los estados y municipios y que a los gobernadores y alcaldes que no les gustara podían no aplicarlo.

No sabemos todavía cómo y cuándo va a terminar esta pandemia en México; desconocemos cuántos mexicanos más se contagiarán y morirán una vez que comience el regreso a la “nueva normalidad”, sobre todo porque somos una sociedad a la que le cuesta mucho seguir normas, protocolos y cambios que serán necesarios y hasta vitales en la vuelta a la cotidianeidad.

Pero lo que sí sabemos es que, fieles a nuestra historia y a nuestra idiosincrasia, los mexicanos, al menos en lo político, lejos de unirnos para enfrentar esta terrible crisis histórica nos dividimos acentuando la polarización que ya veníamos arrastrando y con la responsabilidad de casi todos los actores, empezando por el Presidente, que no paró de confrontar y atacar desde sus mañaneras y siguiendo con opositores, críticos, empresarios y otros sectores que se sumaron al juego de la división. Y una buena expresión de esta desunión es hoy esta República federal, fragmentada y disfuncional, donde al Presidente y a su Gobierno los estados ya no le hacen caso y cada quien actúa como lo entiende y de paso, con los mexicanos asustados en medio de todo esto, jalan aguas para sus respectivos molinos.



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