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Federico Muller
Federico Muller
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14 Febrero 2020 03:00:00
Nuevo etiquetado en las golosinas y refrescos
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Según estadísticas internacionales, México es el mayor consumidor de refrescos a nivel planetario y de las naciones con mayores índices de sobrepeso y obesidad, un dato nada halagador. Ocupar el primer lugar mundial en obesidad infantil ha conllevado a la aparición de enfermedades cronicodegenerativas que aparecen a temprana edad y minan la productividad, además de que elevan el costo por persona de la atención médica que brindan las instituciones públicas. Esta situación se encarece y se vuelve compleja por la sobrepoblación de derechohabientes que medianamente atienden el IMSS y el ISSSTE, entre otros organismos.

Entre los factores que han influido en el aumento de la obesidad se pueden señalar varios, entre los que sobresalen la influencia del mercado estadunidense, la exportación de franquicias de comida rápida, el encarecimiento del costo de la vida, que obliga a la incorporación de la mujer al mercado laboral, y la facilidad de obtener los productos de manera rápida en las puertas de los hogares, lo que ha ocasionado un cambio paulatino en la cultura, particularmente en las entidades del norte y centro del territorio nacional, al menos en lo referente a los hábitos alimenticios que tenían las familias mexicanas, de comida casera y menos abundante en cuanto a grasas, azúcares y almidones.

Ya se ha evidenciado que el encarecer, por la vía de mayores impuestos, las bebidas azucaradas y golosinas no ha logrado detener el consumo, en parte porque las transnacionales refresqueras han respondido con estrategias mercadológicas y técnicas al diversificar sus productos, y por la otra porque está muy arraigado entre la población su consumo cotidiano. Infortunadamente los intentos que ha hecho el Gobierno mediante la formulación de políticas fiscales no han resuelto la problemática; quizá ha faltado promoción y un horizonte más amplio para empezar a notar las modificaciones en la ingesta de ese tipo de alimentos.

Nuevo etiquetado en productos tipo golosinas. Una nueva presentación en las envolturas de productos “chatarra” está por aparecer en los mercados, principalmente en tiendas de conveniencia, centros comerciales y pequeñas tiendas de barrio. Es conveniente decir que el nuevo etiquetado se presentó hace algún tiempo en los mercados chilenos y al parecer ha tenido un razonable éxito, de ahí que el Gobierno mexicano lo copie y adecúe a la idiosincrasia nacional.

Por ley, se pretende obligar a las empresas a insertarlos en las envolturas de sus mercancías un código de colores y formas geométricas que llame la atención a la pupila de los compradores. Lo que se quiere resaltar, mediante figuras octagonales en los empaquetados, es la cantidad de azúcares, sodio, edulcorantes, cafeína y
grasas transgénicas que contienen los productos.

De acuerdo con estudios de mercadotecnia realizados por agencias que estudian el comportamiento del consumidor, las nuevas reglas harán que más empresas se incorporen al mercado, propiciando más competencia y aprovechando nuevos nichos. Puntos de vista discutibles, y poco probables que se den en este país, sencillamente por el tamaño de las compañías líderes, transnacionales con capacidad para sacar del mercado a empresas que intenten hacerles competencia. Además, conociendo los gustos y preferencias de los niños y jóvenes, es difícil que se abstengan del consumo de “chatarra”, a pesar de las llamativas advertencias.

Federico Muller
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