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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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05 Octubre 2018 04:00:00
Obispos pecadores
El pasado jueves 27 de septiembre, el Juzgado de Primera Instancia Penal del Sistema Acusatorio y Oral del Distrito Judicial de Río Grande, en Piedras Negras, Coahuila, declaró como culpable al aún sacerdote Juan Manuel Riojas Martínez, conocido como el padre Meño, por la comisión de los delitos de violación calificada y violación en grado de tentativa con abuso de autoridad y confianza, delito que se asemeja al de pederastia, pero que por alguna razón extraña nuestros diputados se niegan a adoptar, todo esto dentro del expediente que se le sigue desde el año 2017, al declarado cura pederasta.

Por consecuencia, de lo anterior, ayer el mismo juzgado decidió imponer al inculpado una pena de 15 años de prisión sin beneficio alguno, en castigo del agravio causado a la sociedad y a la víctima. Cabe mencionar que la Fiscalía solicitó al juzgador que se le impusiera una pena de por lo menos 23 años, mientras que la parte defensora solicitó una condena baja y la posibilidad de enfrentarla en libertad condicional.

Aunque cuestionable la penalidad impuesta, este hecho representa para los coahuilenses el inicio de una nueva etapa en el tratamiento de las conductas inapropiadas que sin duda más de un integrante del clero en Coahuila ha observado en el mal desempeño de sus funciones, es decir, que de seguir con esta disposición de la autoridad de procurar justicia para las víctimas de pederastia, nuestro estado estaría en la ruta correcta para frenar estas conductas que hasta hoy eran encubiertas por la Iglesia católica en complacencia con el Estado.

Entonces, y de ser así, la Fiscalía General del Estado deberá continuar motu proprio las investigaciones que ha dejado pendientes y dar con todos los responsables de estos incalificables hechos. Debemos recordar que el fiscal ministerial Norberto Ontiveros reconoció en marzo del presente año que desde entonces existían ya cuatro denuncias en el estado por abusos cometidos por 11 curas contra menores, todos ellos en seminarios e iglesias católicas de Saltillo, Torreón y Piedras Negras.

De igual forma y en el mismo tiempo, el activista contra la pederastia clerical Ignacio Martínez Pacheco reveló que tiene 18 nombres de presuntos curas pederastas que han oficiado misas dentro de la Iglesia católica de Coahuila, entre los cuales se encontraban el de Adolfo Villanueva, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en la calle Leona Vicario del Centro de la ciudad, y el de Jorge Alonso Campos Rodríguez, el cual oficiaba misas en las iglesias de las colonias Teresitas y Guayulera de esta ciudad.

Por desgracia, varios de los curas señalados fueron transferidos a otras localidades por la misma Iglesia con el fin de ayudarles a sustraerse de la acción de la justicia, esta acción obliga ahora a la autoridad a encargarse no solo de sacar adelante el trabajo que tiene pendiente en materia de castigo a pederastas, sino también de responsabilizar a los obispos que ocultan a los curas abusadores.

Y es que para nadie es oculto que si de algo se ha ocupado la Iglesia católica ha sido crear una estructura que fomenta ese encubrimiento sistemático que tanto daño ha hecho a sus víctimas y de la cual sin duda alguna forman parte la mayoría de los obispos de Coahuila y algunos cuantos funcionarios estatales.
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