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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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23 Abril 2009 03:56:00
Olivares en Perote
Es, prejuiciadamente, "¡socialismo!",
si no es que franco "¡comunismo!"


I
Sábese de un proyecto, ya andante, de plantar olivares en la región de Perote, en el Estado de Veracruz, que primero concitó incluso el patrocinio de los personeros del poder político del Estado mexicano de adherencia a las premisas filosóficas y silogismos ideológicos y políticos del Partido (de) Acción Nacional y, hoy, a las del Partido Revolucionario Institucional.

Empero, el carácter social del proyecto –plantearía un régimen cooperativo de producción- indujo a los personeros panistas del poder político del Estado mexicano (burócratas y legisladores federales y locales de esa filiación partidista) a satanizar la naturaleza y los alcances del aludido propósito de sembrar olivos en el altiplano veracruzano.

Esa satanización del proyecto olivarero ha trascendido los confines del panismo en el poder político del Estado mexicano y accedido, más allá de la metáfora, la hipérbole y las redundancias y pleonasmos retóricos, al ámbito de la contradicción ideológica y se ha traducido en políticas de descalificación de los méritos prospectivos del plan.

Tal satanización se ha manifestado (y continúa manifestándose) mediante la negación de la naturaleza y alcance del proyecto: el lugar es, según imperativos científicos demostrados y con arreglo a urgencias coyunturales e insoslayables ingencias estructurales de la economía de mercado, el más apropiado. El proyecto tendría un gaje productivo vero: crearía empleos.

Ese resultado –el de crear empleos en un país de desempleados y el propósito que presumiblemente lo inspira- tiene plusvalía estratégica. El poder político del Estado mexicano, encabezado de facto por Felipe Calderón, tiene ante sí el dilema de crear empleos, meta superior a la de la supervivencia política del PAN a la luz del proceso electoral próximo.

La otra cara del dilema del panismo es, obvio antojaríase, el de la producción que resultaría del esfuerzo y concurso cooperativo entre el capital contante y científico- tecnológico y las fuerzas productivas, pues ello atentaría, piénsase en esos círculos, contra la ideología a favor del capitalismo salvaje neoliberal que emblematiza y abandera el Espuriato calderonista.

II

Un proyecto así, como el de Perote, implicaría un equivalente moral a aceptar la producción colectiva de bienes y servicios –satisfactores de necesidades sociales- como vía de probada eficacia para crear empleos. Las economías capitalistas muy desarrolladas de Alemania, Inglaterra, Italia y otros países europeos, se sustenta sobre las cooperativas de producción.

Más la ortodoxia del capitalismo tarzanesco cuyos valores enarbola el panismo desgobernante tiene atrapado a éste. Sus enfoques prejuiciados y, por ende, estrechos y superficiales, de la realidad socioeconómica en México (y, por inferencia válida, Veracruz), cancela cualesquier intenciones pragmáticas de vencer al monstruo del desempleo creado por el neoliberalismo.

Pero no es únicamente ese móvil –el de que no se piense que el señor Calderón se ha tornado súbitamente “socialista” o “comunista”, sino también otros vectores poderosos, los de la corrupción que, idiosincrásica en México, preside cual elemento determinante históricamente las actitudes y conductas y decisiones de los personeros del poder político del Estado mexicano.

Visto así, antojaríase evidente que los proyectos como el de plantares olivares en Perote es, prejuiciadamente, “¡socialismo!”, si no es que franco “¡comunismo!”. Pero los personeros del poder político del Estado mexicano de laya panista no se atreven a denostar a los fantasmas dantescos ya idos del “comunismo” y denuncian al proyecto en Perote con otros argumentos.

Esos argumentos son los de la supuesta inviabilidad de plantar olivares en la región. Para ello, se aducen que las condiciones climáticas prevalecientes en la región son desfavorables, exhibiendo así una ignorancia que obsérvase supina acerca de un tema, el agrícola, que los lleva a dictar el fiat de un fracaso del proyecto.

El clima, dice un legislador de nombre olvidado, es muy lluvioso.

Pero el proyecto se sustenta sobre bases científicas, lo cual ha animado a empresarios españoles más pragmáticos que los mexicanos a invertir capital y “know how” para plantar y cosechar olivares y satisfacer un vacío en la demanda creciente de aceite de oliva no sólo en México, sino también en otros países de Nuestra América e incluso Estados Unidos.

III

Las bases científicas –sin duda experienciales y, por tanto, demostradas- del proyecto son el cúmulo de resultados de análisis de tierras, climatología y plurimetrías, así como mediciones de temperatura no sólo durante el año, sino también la de cada 30 minutos. Con ello se concluyó que el Valle de Perote es magnífico para el cultivo del olivo.

Tocante a las lluvias –otro de los deméritos subrayados por los detractores panistas del proyecto-, los estudios realizados concluyeron que el promedio pluvi al anual es de 500 a 800 milímetros es ideal para cultivar el olivo de riego. Subráyese que el cultivo de riego sería apoyado de febrero a mayo, lo que garantizaría cosechas buenas y constantes con gasto mínimo.

Existen, sin duda, áreas del Valle de Perote en donde el cultivo no es recomendable, ya que en ellas se registran nevadas tempranas cada 10 años, pero esas tierras, localizadas e identificadas, han sido desestimadas para el proyecto. La altura media de la región es superior a la de la cuenca del Mediterráneo, pero el cultivo no es hoy como en la época de los romanos, hace 22 siglos.

Los inversionistas españoles, agrupaciones de campesinos, así como los patrocinadores y promotores del proyecto –entre éstos últimos incluyese en lo social y político -administrativa al Gobierno del Estado de Veracruz- tienen una referencia elocuente a su favor: los olivares en Tulyehualco, Distrito Federal, cuya altitud es mayor que la del Valle de Perote.

Menciónese a mayor abundamiento que los olivares defeños producen anualmente sin ningún cuidado humano de algún tipo unos 80 kilos por unidad ¡desde hace 500 años!, lo cual demuestra y confirma que el olivo es extremadamente adaptable. Se cultiva en Argentina, Chile, Australia y Estados Unidos. Existen otros argumentos de peso a favor del proyecto.

1) Si los inversionistas tuviesen dudas lisa y llanamente no harían la inversión en árboles y almazaras e infraestructura auxiliar y demás instalaciones de beneficio industrial.

2) Existe un mercado tanto nacional como para la exportación claramente ubicado.

3) Y, según proyecciones, se crearán miles de empleos en la región, así como en otras zonas distantes –las de distribución- principalmente urbanas.

Las objeciones acientíficas -y con argumentos falsos en lo técnico- de los panistas al proyecto van a contrapelo de las propias políticas en materia agrícola del gobierno calderonista. La secretaría de despacho de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación ha hecho estudios y aconsejado y propicia encarecidamente el cultivo del olivo en México.

Identifícase otro argumento elocuente a favor del cultivo en Perote: el olivo ya es considerado en México un árbol autóctono. Los panistas que se oponen al proyecto por móviles ideológicos y políticos –éstos, de carácter preelectoral-, preconizan, no sin alardes de inanidad e ignorancia, el desarrollo de los biocombustibles, sobre todo biodiesel.

Como sabríase, en ciertos ámbitos estadunidense y brasileño y, no se diga, de países europeos, no se considera aconsejable el desarrollo de la biodiesel dadas sus secuelas terribles en lo ambiental, ecológico, social e incluso económico. El Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, piensa que el precio del desarrollo de biodiesel en su país es “impagable”.

Al exhibir su torpe oscurantismo, rústica incultura y rudo oportunismo político-electoral, esos detractores del proyecto olivarero parecen tener un interés adicional. ¿Querrían acaso que los inversores hispanos los hicieren beneficiarios de la fórmula que hicieron célebre en sus sexenios Carlos Salinas y Vicente Fox: un diez por ciento de comisión a cambio de anuencias?

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