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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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21 Diciembre 2018 04:00:00
Ordenando el caos
Hace un lustro me preguntó: “Maestra ¿cómo puedo enseñarles español si cada tercer día tenemos código rojo y acabamos bajo las bancas?”. La respuesta nos la dimos ambos con un proyecto que se intituló “Estrategias didácticas para enseñar español en ámbitos de violencia”.

Sí, la propuesta fue muy buena y los resultados excelentes, lo malo radicó en el veredicto dado a su documento: aprobado con honores, pero su texto condenado al rincón de una bodega para evitar que algún otro estudiante copiara la idea.

No fue un trato personal hacia mi alumno, ese es el derrotero de todos los trabajos con los cuales se titulan los futuros profesores. Sus documentos no son publicados ni públicos; se archivan en un sitio a donde nada más pueden entrar personajes especiales, así como los duendes guardianes de Gringotts, el banco mágico de Harry Potter.

Esta historia triste la recuerdo al término de cada ciclo escolar; sin embargo, este año me escuece más la herida saber que la Secretaría de Cultura federal publica el libro “Para leer en contextos adversos y otros espacios emergentes”, de autores extranjeros o internacionalmente conocidos.

En sus capítulos se habla sobre migración, desplazamiento horror, belleza, emergencia, todos temas actuales y asuntos inmediatos que requieren atención interdisciplinar porque pergeñan la sociedad en la cual insertamos a nuestros egresados de educación básica.

No me incomoda esa publicación, al contrario, me parece fantástico que se hable sin ambages de la realidad circundante a nuestros niños y jóvenes, establecidos y migrantes; es el oscurantismo al que está condenado el trabajo hecho por los estudiantes normalistas, quienes a diario están frente a grupos, recolectando millones de historias adversas y emergentes.

Además del documento mencionado al inicio de este artículo, hay más sobre aceptación del otro, gestión de ayuda para problemas innombrables, didácticas para trabajar en aulas sin luz ni cristales, poesía con grafiti y textos fonéticos. Aplaudo la publicación del libro, pero lloro por el anonimato de tantas ideas excelentes que aportan un poco de luz al diario vivir de las escuelas mexicanas.

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