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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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02 Julio 2009 03:27:10
Para empezar
Analicemos, con algo de detalle, lo que impide que México sea un país exitoso en términos económicos, es decir, un país con ciudadanos con buen nivel de vida.

Y voy a definir así el éxito, sin entrar a grandes discusiones acerca de las bondades o perjuicios del consumismo, la orientación materialista, y todo lo demás, que es importante, pero no para el tema que quisiera discutir con usted.

Para que un país tenga ciudadanos con buen nivel de vida es necesario que haya suficiente riqueza y que esté razonablemente bien repartida. No se puede repartir lo que no hay, y no creo que haya duda al respecto, pero tampoco está en el interés de una nación que las mayorías no tengan nada y que sólo unos pocos tengan mucho. Esto no es bueno por razones de todo tipo: económicas, porque si esta mala distribución se combina con poca riqueza, habrá un porcentaje importante de personas que no van a poder contribuir al crecimiento; políticas, porque los que tienen poco son fácilmente comprados; éticas, porque como decía el poeta, nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo estricto.

Sin embargo, una vez claro que no se debe tener una distribución muy desigual, no es fácil saber qué tan igualitaria debe ser ésta. Los países civilizados, en lo general, tienen una distribución que podemos suponer como la “ideal”. En ellos, el 10% más rico tiene ingresos de entre cinco y 10 veces más que 10% más pobre de la población. Son 50 naciones en las que el coeficiente de Gini, la medida más común para la desigualdad, va de 25 a 37 puntos. Este coeficiente valdría cero en perfecta igualdad y 100 en perfecta desigualdad. Entre esas 50 naciones no están Grecia, Italia, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, o Portugal, y sí están Japón, Corea del Sur, India y buena parte de Europa del Este. No hay ningún país latinoamericano en ese grupo.

Para que pueda tener una idea de cómo estamos nosotros, el país más “igualitario” en nuestro subcontinente es Jamaica (12 veces el ingreso) y Trinidad y Tobago (14 veces). De los que hablamos español, Nicaragua (16 veces) y Uruguay (19 veces). Los demás estamos peor. En Argentina el 10% más rico de la población tiene un ingreso 40 veces mayor que el 10% más pobre, en México es de 45 veces, en Perú de 50 y en Brasil de 68 veces, nomás.

Aclaro que esta información no es totalmente útil, porque los ingresos de los que se habla no son los mismos para todos los países. En México, por ejemplo, dependiendo de la definición de ingreso que tomemos, el valor va de 25 a 45 veces. Pero sin importar la exactitud de la definición, sí es claro que hay un grupo de países con una distribución más razonable (los 50 del principio), otros con una distribución menos buena, y otros con una pésima distribución, y ahí estamos nosotros: México y prácticamente toda América Latina. Y nuestro acompañante de siempre, África. Ya hablamos de cómo los 150 años de diferencia en independencia no parecen haber servido de nada.

Bueno. Ya está esa primera dimensión del objetivo, falta la segunda: riqueza para distribuir. Hoy, si México distribuyese perfectamente el ingreso entre todos los mexicanos tendríamos para vivir exactamente el ingreso por habitante del promedio mundial. Esto es más o menos lo que tienen como ingreso quienes viven en el decil VII, es decir, entre 30% y 40% más rico, que igual podría decirse entre 60% y 70% más pobre, como usted guste. De poco nos serviría distribuir mejor, como lo ilustra India, con una excelente distribución de muy poco.

Cómo generar riqueza es la gran pregunta de los economistas desde hace más de 200 años. El libro de Adam Smith se trata precisamente de eso, y desde entonces se ha hecho mucho trabajo para entender bien qué sirve y qué no. En los últimos 20 años, el avance en este tema ha sido impresionante, y ha servido para afinar ideas que Smith ya había planteado pero que no sabíamos qué tan ciertas eran. Hoy sabemos que la producción de riqueza es resultado de una economía de mercado en la que el capital fluye bien, en donde no hay ineficiencias que se trasladen de productores a compradores, y en donde hay capital humano abundante. En menos palabras: capital, capital humano y competencia.

Sin embargo, para que esas cosas existan (factores de producción, le llaman los economistas), es necesario que existan ciertas reglas sociales. De otra manera, al no tener reglas claras, la sociedad no invierte, ni en capital físico ni en capital humano, reduciendo la productividad de dichos factores, y por lo tanto la acumulación de riqueza. Es decir, si la sociedad no establece reglas claras, acaba siendo más pobre.

Si lo que se requiere es tener capital físico, capital humano y competencia, entonces podemos establecer lo que requerimos analizar: el sistema financiero, el sistema educativo, y el nivel de competencia en aquellos elementos que más afectan la economía en general: comunicaciones y energía. Por muchos años, se agregaba a esto el campo, pero me parece que hoy esto no tiene mucho sentido. Sin embargo, sí conviene analizar el campo en otro renglón: los subsidios. Y lo mismo se aplica para sindicatos y universidades. Y los subsidios son relevantes porque son, directamente, transferencias de riqueza de un grupo (los que pagan impuestos) a otro (los que reciben el subsidio). Esto puede tener racionalidad económica o social, pero puede no tenerla, y por eso es necesario revisar también ese tema.

Finalmente, para cerrar el análisis, tendremos que estudiar qué pasa con el mercado laboral, porque ahí tenemos la confluencia del capital humano, los subsidios, y una regulación que ha provocado que dos de cada tres trabajadores sea, en términos estrictos, informal.

Bueno, ya está el esqueleto del análisis que realizaremos con usted las próximas semanas. Gracias por acompañarnos…
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