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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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24 Marzo 2020 04:05:00
Paradoja feminista
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En México las mujeres representan el 52% de la lista nominal de electores (rebasan los 46.3 millones), pero votan más por varones que por candidatas de su mismo género. Incluso en las presidenciales de 2018, cuando la única aspirante (Margarita Zavala) se retiró de la contienda, sufragaron más féminas (66.2%) que hombres (58.1%).

Además, solo un par de los 32 estados de la República (6.4%) es gobernado por mujeres y 545 de los municipios (alrededor del 23% del total) tienen alcaldesas. A escala global las cosas no son distintas, pues de los 193 países miembros de Naciones Unidas (NN.UU.) únicamente 10 tienen jefas de Gobierno.

De acuerdo con la tendencia actual, la brecha de género tardará en cerrarse más de un siglo; el cálculo previo era de 30 años.

“En el ámbito de la participación política, las cifras hablan por sí solas: el 90% de los jefes de Estado y de Gobierno son hombres, al igual que el 76% de los parlamentarios. Aunque ha habido un pequeño aumento en la representación de las mujeres en la política, en algunos países más que en otros, para llegar a la paridad se necesitan unos 107 años”, dijo la expresidenta de la Asamblea General de ONU, María Fernanda Espinosa, en un foro sobre la participación femenina en puestos de poder, organizado el año pasado por la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer.

Una de las gobernantes es Katrín Jakobsdóttir, de Islandia, donde, en octubre de 1975, se realizó el primer paro de género coincidente con la celebración del Día Internacional de la Mujer, proclamado así por la ONU dos años después.

La primera presidenta islandesa fue la activista Vigdis Finnbogadottir, quien ganó cuatro elecciones consecutivas para totalizar 16 años en el cargo. Madre soltera divorciada, Vigdis atribuye su ascenso al Día Libre de las Mujeres del otoño del 75. El movimiento convirtió a Islandia en “el país más feminista del mundo”.

“Tomaron las calles para reivindicar la igualdad. Y paralizaron el país. Literalmente. Más del 90% de las ciudadanas de la isla –de algo más de 220 mil habitantes– secundaron el llamado ‘Día Libre de las Mujeres’. Tanto que los periódicos vespertinos no pudieron imprimirse. (…) Muchos hombres, poco acostumbrados a los cuidados familiares, tuvieron que llevarse a sus hijos al trabajo. Y preparar desayunos, almuerzos y cenas”. (El País, 08.03.18)

Espinosa, la cuarta presidenta de NN.UU. desde su fundación en 1945, advierte: “A menudo las candidatas, políticas en ejercicio, ministras, parlamentarias, alcaldesas y líderes comunitarias, enfrentan grandes barreras: desde resistencias dentro de sus propios partidos hasta dobles raseros, y un tratamiento discriminatorio en ciertos medios de comunicación”. La excanciller de Ecuador pide acción, conciencia y esfuerzos “para potenciar el liderazgo de las mujeres en todos los espacios. Sin mujeres en la política –señala–, el desarrollo sostenible, los derechos humanos y la paz están seriamente comprometidos”.

La violencia e impunidad en México le conceden la razón y explican la manifestación del 8 de marzo contra los feminicidios y la pasividad de las autoridades frente a la escalada. El paro “Un Día sin Nosotras”, convocado por el colectivo Brujas del Mar, rebasó las expectativas, pues hizo eco en hogares, empresas, instituciones y universidades públicas y privadas.
Sin embargo, para trascender como en Islandia y Argentina, que en 2007 eligió a su primera presidenta (Cristina Kirchner), hacen falta muchos pasos más y una mayor participación política de la mujer.
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