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01 Septiembre 2019 03:50:00
Partidos en crisis
Por Gerardo Blanco:


Todo hace pensar que el sistema de partidos transita por una grave crisis sin precedentes, al menos, en el periodo que corresponde a la transición democrática.

Desde los resultados electorales de julio de 2018, el sistema de partidos no termina por acomodarse, no encuentra el cauce natural para reconfigurarse y adaptarse a la nueva realidad política. Después de casi tres décadas de un tripartidismo protagonizado por el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), partidos que, al menos en el papel, representaban las posturas ideológicas conocidas popularmente como derecha, centro-izquierda e izquierda, respectivamente, el espectro partidista actual es difícil de interpretar.

Me explico. El Partido Acción Nacional fue el primer instituto político que mostró signos vitales frente a la hecatombe electoral. Mas la estrategia elegida por su presidente para posicionarse como oposición real fue igual de gris que él, lo que ha generado resultados ineficientes. A esto hay que sumarle el divisionismo que vive en algunas entendidas federativas (Veracruz y Coahuila, por ejemplo), donde la militancia se encuentra descontenta después de elegir a sus órganos con elecciones internas poco transparentes.

Por otro lado, hace un par de semanas se llevó a cabo la renovación de la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) mediante un proceso interno que, de acuerdo con diversos aspirantes, no contó con las reglas equitativas que todo ejercicio comicial requiere. Esto llevó a que José Narro, exrector de la UNAM, renunciara a la candidatura y a su militancia en plena campaña. Asimismo, Ivonne Ortega, exgobernadora de Yucatán por ese partido, abandonó su militancia al enterarse que los resultados no le favorecieron. De los resultados electorales (2018) más tristes de su larga historia ya ni hablamos.

Quizá el caso más paradigmático es el del PRD, cuya conformación como partido político se logró después de la estrambótica elección de 1988. Las fuerzas de izquierda que ese año arroparon y postularon la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas terminaron por cohesionarse en esta fuerza política, que en las últimas dos décadas representó las demandas progresistas, principalmente en la Ciudad de México. Gobernó la capital desde 1997, encabezó gubernaturas en más de una decena de estados -algunas en alianza- y estuvo a nada de ganar la Presidencia de la República en 2006. Pero su realidad actual está en las antípodas de su pasado, ya que en la elección del año anterior su raquítica votación lo tuvo al borde de perder el registro, pues solo logró obtener poco más de 3% de la votación válida emitida.

Por su parte, Morena no se queda atrás. El partido en el Gobierno está por renovar su dirigencia nacional, lo que ha enarbolado un serie de conflictos entre sus figuras más reconocidas.

Además, la bancada de Morena en la Cámara de Senadores se encuentra profundamente fracturada tras el conflicto entre Martí Batres y Ricardo Monreal por conservar el poder de la Mesa Directiva. El tema llegó hasta la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena, que, mediante una resolución controversial, determinó anular el procedimiento de designación y ordenó su reposición, resolución que fue impugnada ente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Por si fuera poco, esta semana un grupo de políticos provenientes de los partidos convencionales (PAN, PRI, PT, Nueva Alianza, PRD) anunció la creación de una organización denominada Futuro 21, que, de acuerdo con sus propios dichos, se constituirá como partido político un vez que el PRD les “traspase” su registro -el PRD cambiaría de nombre, mejor dicho-. Su objetivo a corto plazo es obtener el mayor número de candidaturas en la elección intermedia de diputados federales en 2021.

Como vemos, las ocurrencias no solo provienen del Gobierno, sino de aquellos que pretenden figurar como oposición. Este es un buen ejemplo de por qué el mapa de los partidos políticos se desdibujó de forma abrupta y, peor aún, de por qué no parecen encontrar el camino para reconformarse.
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