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Columnista Invitado
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30 Junio 2019 03:00:00
Partidos locales y propuesta de reforma
A partir de este 1 de julio tendremos tres nuevos partidos políticos en Coahuila. Después de un largo periplo de aproximadamente 18 meses, solo tres organizaciones de ciudadanos (de 14 que iniciaron el procedimiento) lograron cumplir con los requisitos para constituir un partido político.

Como ya hemos comentado aquí, los citados requisitos, en esencia, consistieron en realizar asambleas distritales o municipales y obtener un número de afiliados correspondiente a 0.26% del padrón electoral del estado de Coahuila, los cuales deberían estar dispersos en cuando menos dos tercios (25 de 38) de los municipios. Aunado a ello, debían aprobar sus documentos básicos y cumplir con las reglas de fiscalización, entre otras exigencias de carácter formal. Pero, ya viendo hacia adelante, lo interesante sería preguntarnos: ¿Qué efectos, tanto cualitativos como cuantitativos, pueden tener sobre el proceso electoral que iniciará el próximo 1 de noviembre? ¿La intervención de los nuevos partidos políticos puede influir de manera directa, decisiva y determinante en los resultados de la elección?

Por mencionar algunos aspectos, existirán efectos cualitativos en lo relativo al financiamiento público que reciben los partidos, ya que al existir nuevas fuerzas políticas se modifica la distribución de los recursos públicos, lo que se traduce en una disminución significativa de los mismos para los partidos políticos existentes. La misma lógica aplica para los espacios en radio y televisión, tiempos que deberán modificarse para darle acceso a los nuevos partidos. También influyen en lo que respecta al registro de candidatos y, por ende, la oferta política hacia los electores aumenta. En otras palabras, la boleta electoral tendrá tres opciones o alternativas más. Aquí es importante precisar que los nuevos partidos políticos no podrán coaligarse con otros, por tratarse del primer proceso electoral en el que participan, por lo que deberán refrendar, mediante la búsqueda del voto de manera individual, el respaldo ciudadano para continuar con su registro. Por último, otro de los aspectos es que estos institutos políticos registrarán representantes de casilla, lo que supone una composición más grande de las mesas directivas de casilla y la impresión de más documentación electoral, como las actas o cuadernillos del listado nominal, entre otros.

Ahora bien, por su parte, el impacto cuantitativo está estrechamente vinculado con la segunda pregunta, ya que, en un momento dado, los nuevos partidos políticos podrían tener el peso suficiente para inclinar los resultados electorales derivado de su participación en los comicios. Esto, como consecuencia, impactaría en la integración del Congreso del Estado, en la conformación de los grupos parlamentarios y, por consecuencia, en el quehacer del trabajo legislativo.

La perspectiva de que pueda existir este efecto cuantitativo respecto a la variación de los resultados electorales, radica, entre otros aspectos, en que el sistema de partidos se encuentra en un periodo inestable dentro del cual la fuerza de los partidos tradicionales se ha visto mermada en escalas importantes, mientras alternativas emergentes (como lo puede ser Morena) cada vez logran obtener más adeptos de amplios sectores que se sienten decepcionados o molestos con la política convencional.

Sin embargo, para que los partidos políticos estatales tengan razón de ser, y aprovechando que en el Congreso de la Unión se discute una probable reforma de Estado y electoral, los legisladores deberían, para darle coherencia al sistema de partidos, reformar la Constitución federal y permitir que estos institutos políticos puedan postular candidaturas para los cargos de diputaciones federales y senadurías.

Si tomamos en cuenta que los partidos locales, en teoría, construyen su programa de acción y sus plataformas electorales atendiendo a las circunstancias, problemáticas y características de sus entidades federativas, qué mejor que sus representantes luchen, legislen, gestionen y trabajen por los intereses de su estado desde los órganos de representación de carácter nacional.

Esta propuesta, sin duda, fortalecería el federalismo electoral; sin embargo, desafortunadamente, el sentido de la reforma se encamina hacia el lado opuesto.

Por: Gerardo Blanco
@Ricardo Torres_1
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