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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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17 Marzo 2020 04:05:00
Pases de charola (II)
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La encerrona en casa de Antonio Ortiz Mena –exsecretario de Hacienda encomiado por el presidente Andrés Manuel López Obrador en su discurso inaugural, y a quien Salinas nombró director de Banamex– se convirtió en la comidilla de la prensa nacional y extranjera e incluso provocó la defenestración de Genaro Borrego como presidente del PRI, el 30 de marzo de 1993. El tema lo abordan los periodistas Claudia Fernández y Andrew Paxman en El Tigre. Emilio Azcárraga y su Imperio Televisa (Raya en el Agua Grijalbo, México 2000).

El escándalo marcó el punto de inflexión de un Gobierno cuya raíz ilegítima (el fraude electoral de 1988) no fue óbice para ser exaltado como el más exitoso del siglo 20, a pesar de figurar entre los más venales de la historia o quizá por eso. Tres meses después de la reunión secreta con los millonetas, el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo murió acribillado en el aeropuerto de Guadalajara al ser “confundido” con el narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán. El 1 de enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se rebeló contra el Gobierno de Salinas de Gortari y el Tratado de Libre Comercio, puesto en vigor en esa fecha.

El 23 de marzo de 1994, el candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio, fue asesinado luego de un mitin en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana. El Gobierno federal cambió la versión de la “acción concertada” a la del “asesino solitario”. Nadie comulgó con esa rueda de molino. El 28 de septiembre, el secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, falleció al recibir un tiro en el cuello. Salinas contuvo la devaluación del peso y días después de concluido su mandato estalló la peor crisis económica registrada entonces en México. En febrero de 1995, en el Gobierno de Ernesto Zedillo, la PGR detuvo a Raúl Salinas, hermano del expresidente, por la autoría intelectual del homicidio de Ruiz Massieu y enriquecimiento ilícito.

Veintisiete años después del pase de charola de Salinas, el presidente López Obrador usó el truco de la chistera para salir del embrollo del avión que “ni Obama tenía”, pues el Boeing 787-8 de Peña Nieto ni se vendió, ni se arrendó ni se entregará a ningún particular. En la rueda de prensa del 7 de febrero, AMLO anunció que el miércoles siguiente cenaría con un centenar de empresarios, en Palacio Nacional, para venderles billetes del sorteo especial de la Lotería Nacional del 15 de septiembre cuyo premio no serán el Dreamliner, sino 2 mil millones de pesos en efectivo divididos entre 100 ganadores (20 millones para cada uno).

En la cena, servida a base de tamales de chipilín y chocolate, los empresarios firmaron cartas compromiso para “participar de manera voluntaria en la compra de billetes de la Lotería Nacional, con motivo del sorteo conmemorativo que la misma llevará a cabo en relación con el avión presidencial, en beneficio de la asistencia pública, hospitales y adquisición de equipo médico”. Los montos señalados eran de 20, 50, 100 y 200 millones de pesos; y la cuenta para depositarlos, la 015671181 del Banco del Norte.

El Presidente recaudó mil 500 millones de pesos y ardió Troya. En columnas políticas y de opinión se le acusó de “chantajista” y “extorsionador”; y a los magnates, de “serviles” y “cobardes”. La reunión en Palacio Nacional se ha querido comparar con el pase de charola de Salinas, pero no hay punto de comparación. Los medios y los fines son distintos. Salinas controlaba a la mayoría de la prensa, y AMLO es objeto de su inquina.
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