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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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05 Julio 2019 04:04:00
Pedir perdón
El pedir perdón es uno de los componentes fundamentales de muchas religiones y corrientes espirituales; por ejemplo, para los cristianos, Cristo vino al mundo a perdonar los pecados de todos los hombres, y por virtud de su sacrificio, todos hemos sido perdonados por Dios y solamente hace falta tomar ese perdón.

Así pues, para los católicos, es necesario cumplir con alguna penitencia para alcanzar el perdón. En ambos casos se requiere que antes de obtenerlo, se haya realizado un examen de conciencia, sentir un verdadero dolor, tener un propósito de enmienda y por supuesto, reconocer los pecados.

Siguiendo esta pauta, el proceso de pedir perdón debe comenzar con un profundo análisis de lo que ha pasado, de las circunstancias y motivos que han dado pie al agravio que se ha hecho y de los efectos que ha causado este mismo.

Es decir, que para pedir realmente perdón, se debe tener un arrepentimiento genuino, que incluye un verdadero dolor por el sufrimiento causado, que no puede quedar solamente en palabras, sino que ha de articularse en acciones comprendidas en un plan concreto que eviten que aquello vuelva a ocurrir y que restituyan por lo menos en algo, el mal realizado.

Profundizando en esto y dejando de lado las connotaciones ideológicas y religiosas del perdón, pero que sin duda vienen al caso, me quiero referir a lo sucedido la semana pasada en nuestra entidad cuando el gobernador Miguel Ángel Riquelme, acompañado por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, en representación del Presidente y el subsecretario en Derechos Humanos, Alejandro Encinas, realizaron un acto solemne con el fin de pedir perdón al pueblo de Allende, Coahuila, lo anterio, como desagravio de la masacre cometida en esa ciudad en el año 2011.

Por desgracia, para los pocos lugareños que quedaron, el perdón pedido por la Autoridad en ese acto protocolario, lejos de redignificar o de resarcirles un poco el daño sufrido, más bien pareció anunciarles la terminación sin conclusiones de las investigaciones, para castigar verdaderamente a quienes permitieron con omisiones y complicidades que una organización delictiva protagonizara la peor matanza de nuestro estado y quizás la del país, y lo digo así, dado que hasta hoy no existe un número concreto de víctimas ni de desaparecidos.

Y es que pareciera que estas nuevas Autoridad desconocen lo que para nadie es oculto, y que lo es, que para que el terrible evento sucediera hubo sin duda decididas complicidades de autoridades de los tres niveles de Gobierno de aquel tiempo, las cuales ni un dedo movieron para defender a esa población. Omisiones, que sin duda no se narran en los informes rendidos por los gobiernos pasados y recibidos por las nuevas autoridades.

Entonces, quizá sea por esto qué las autoridades consideran que pedir perdón es suficiente, aunque el mismo carezca de lo fundamental (sentir un verdadero dolor, tener un propósito de enmienda y por supuesto, reconocer los pecados) por lo que en nada ayudará a lograr el olvido y aminorar el dolor de los familiares y amigos de las víctimas, quienes seguirán esperando la verdadera justicia: aquella que no se alcanza con un simple perdón y es que ni siquiera Dios cuando perdona, absuelve al culpable del sufrimiento de las consecuencias de su conducta.
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