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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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23 Marzo 2019 04:00:00
Piel delgada
Le propongo una regla universal del liderazgo: a más influencia o poder, mayor probabilidad de que el líder tenga la piel muy delgada.

Claro, pues como el poderoso se siente muy “papas fritas”, es más fácil que se disguste con opiniones o ideas distintas a las suyas y que fustigue, congele o castigue a los que se atreven a
expresarlas.

Algo aplicable en la política, los negocios y la vida. Me confieso víctima de esta máxima. Ahora que el país está tan polarizado, últimamente mi piel se ha vuelto muuuy delgada con los que difieren de mis opiniones o ideas. Quizá a usted le pase algo similar.

Tener la epidermis sensible es peligroso en cualquier ámbito porque un jefazo (o un colaborador) que no aguanta nada se arriesga a:

1. Que nadie le diga la verdad.

2. Terminar rodeado de gente
similar.

3. Generar un ambiente de grilla.

4. Promover que se multipliquen los lambiscones.

5. Ahuyentar a los talentosos.

En los negocios, una receta ideal para el estancamiento. A fin de cuentas la innovación tan necesaria hoy en día
implica:

* Discutir y elegir las mejores ideas.

* Experimentar frecuente y
eficientemente.

* Fracasar bien: temprano y
aprendiendo.

* Contratar, promover y dejar trabajar al talento.

* Flexibilidad estratégica y operativa.

* Decidir rápido lo que se pueda y pausado lo que se requiera.

* Estar atento a competidores, tecnología y clientes.

* Ajustar en el camino, eliminando lo malo y reforzando lo bueno.

Tener la piel delgada también es muy común en la política, sobre todo en los líderes populistas como Trump y ya sabes quién. Su típica reacción ante la crítica es etiquetar, amenazar y atacar.

Sin duda una peligrosa enfermedad de nuestra era. Y es que los líderes volubles terminan fracasando en el mundo disruptivo, donde la velocidad de cambio es la única constante.

¿Qué hacer? Le propongo un plan de 3 pasos:

a) Mida el grosor de su epidermis. ¿Qué tanto se ha enojado en el último mes y por qué? ¿Se ha incrementado su nivel de irritación en el último año?

b) Identifique los disparadores que le provocan enojo. ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?

c) Analice causas raíz y cree un plan con medidas específicas. Para minimizar su exposición a los disparadores y claro, para modificar su reacción ante ellos.



Independientemente del plan de acción, los típicos tips sobre cómo reaccionar ante un enojo son muuuy aplicables: contar hasta 10, no actuar (o responder un WhatsApp o email) impulsivamente, ponerse en los zapatos del otro, responder en lo individual y no al grupo, etc.

Consejos sencillos para evitar acciones que luego cuestan.

Tres comentarios adicionales. Primero, no es lo mismo tener la piel delgada en la chamba que en la vida personal. A fin de cuentas, con familia y amigos siempre puede haber una segunda oportunidad. Pero a veces en el trabajo no. Las actitudes de divo(a) son perjudiciales para cualquier carrera. Hay que tener cuidado.

Segundo, en algunas cosas sí vale la pena tener piel delgada. Por ejemplo en valores fundamentales o transgresiones éticas o legales. Ahí hay que ser muy
meticulosos.

Y tercero, la virtud de recapacitar es clave. Un “disculpe usted” nunca es mal visto. Ah, las personas que triunfan consistentemente tienen una capacidad de autodiagnóstico. Como bien decía Edison: “no he fallado, tan sólo he encontrado 10 mil formas que no funciona”. El que tropieza y se levanta siempre progresa.

Finalmente, a veces es mejor cortar por lo sano. Si tiene disparadores (grupos de WhatsApp por ejemplo) que lo crispan, pruebe cortar o limitar la comunicación. Quizá se sienta más tranquilo.

Tener la piel un poco más gruesa curte a cualquiera para enfrentar los temporales de una era dinámica, polarizada y competitiva. Yo por lo pronto me propongo aguantar un poco más, trabajar en hacer más callo ¿me acompaña?

Posdata. Si no ha revisado el estudio del IMCO sobre el tren Maya, hágalo. Completísimo. Entre 4 y 10 veces más. Y no será rentable. Un capricho muuuuy costoso.



En pocas palabras

“Por cada minuto que estás enojado sacrificas 60 segundos de paz”. Ralph Waldo Emerson, escritor estadunidense


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