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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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09 Abril 2009 03:48:20
¿Podemos ser todos Jesucristo?
I

En el ritual anuario del mundo de la judeo-cristiandad (y por inferencia válida el del Islam) conócese como Semana Santa, los creyentes y los que manipulan la idea de Dios en sociedades oprimidas por la religión organizada para fines de poder y riqueza, podrían replantearse a fondo la idea de Dios y sus profetas icónicos.

Esos profetas icónicos se emblematizan en Jesús de Nazaret (y también por inferencia válida, en el islámico Mahoma) y los antecesores prebíblicos -desde el escalón final del paleolítico, cuando surgió la idea de lo divino y las ciencias sociales disciernen las etapas lógico-históricas posibles de la noción teísta.

El desarrollo de la idea de Dios -constante en el decurso de milenios prehistóricos- tendría que ver, sábese hoy, con la evolución darwiniana, francamente atea, como parte del desenvolvimiento de mecanismos de supervivencia en el cerebro del individuo humano.

Antes de proseguir con el tema hágase la salvedad que existen distinciones cualitativas muy claras entre la idea de dios en las sociedades humanas y la religión organizada -es decir, las iglesias que, como la católica, son un ente jurídico-político, el Estado Vaticano-, que es creación humana.

En efecto, la religión -las iglesias- suelen identificarse a sí mismas y ante los creyentes en un dios creador de todo como representantes de lo divino entre los mortales. La iglesia cristiana, dice el dogma, fueron creadas como legado decisorio del hijo del dios y realizada por sus apóstoles.

II

Las dudas, empero, no son antirreligiosas aunque sí admítase, anticlericales, a partir del hechos objetivamente discernidos que una cosa es la idea de dios en las sociedades humanas y otra muy diferente la de las iglesias que se ostentan como representantes e intermediarios de lo divino ante la vida terrenal. Más esas exégesis tienen muchos vacíos lógico-dialécticos e incluso científicos a partir del origen divino, metafísico -sin sujeción a las leyes del universo y la naturaleza y ajenas al escrutinio metodológico de lo demostrable y confirmable- y ofrece, por añadidura, contradicciones insoslayables.

Pero no es tema de la entrega de hoy cuestionar, negar o confirmar la existencia de dios y lo divino, sino el de señalar el significado y la trascendencia de la idea teísta en las sociedades humanas y, en ese contexto, identificar sus consecuencias que, en México, son omnipresentes e históricas.

Según los cronistas bíblicos, el hijo de Dios -o sea Jesucristo- se desempeñó durante sus 33 años de vida como una criatura antropomorfa; de hecho, advino al mundo bajo esa forma, aunque con arreglo al dogma su gestación fue divina, sin concurso copulatorio previo. ¿Cuál habría sido su laya cromosónica?

Así, la idea de Dios y lo divino se ha traducido en el establecimiento de organizaciones de índole política: las iglesias son, bajo cualesquier definiciones de las ciencias sociales y políticas, agrupaciones nacionales o trasnacionales de acción y alcance en el terreno de lo político. Hacen política. Ello es fehaciente.

III

Los personeros hacen, pues, política, para prevalecer en las sociedades humanas conformadas, a la luz de las definiciones científicas, por individuos cuya conducta -diríase que ésta como secuela de su evolución cerebral como especie que sobrevive por su aptitud- es práctica y filosóficamente política. El clero es político.

¿Por qué? En el humano, toda conducta evolucionada para supervivencia como especie, tiene móviles naturales que son políticos, aunque en lo individual o incluso como estrato social no tenga conciencia de ello. Intrínseco a ese imperativo evolucionario subyace la opresión de millones de individuos por otros, éstos muy pocos.

La idea de Dios y lo divino se ha traducido en opresión psicoemocional y, ergo, material, de unos humanos sobre otros. No en vano decía el filósofo inglés Tomás Hobbes que el hombre es el lobo del hombre.

Ese lobo, dotado de razón, concibió, diseña y aplica desde la prehistoria herramientas de dominación y control social.

El hombre de Nazaret se oponía, según su discurso, a la dominación de los más por los menos, de allì que se identificase con los pobres, los excluidos, los oprimidos, lo que implicaba oponerse a los ricos y poderosos y a las instituciones político-religiosas de éstos. Expulsó a los mercaderes de un templo, ámbito sacro.

La deformación -en los hechos, una desviación monstruosa- del pensamiento, la conducta del profeta judeocristiano y su simbolismo en la que incurren las organizaciones políticas denominadas iglesias explicaría por sí sola su razón verdadera de ser, la de dominar para fines de poder y riqueza. Lo dice la historia.

En esta Semana Santa, esa organización política que es la iglesia institucional judeocristiana se nos ofrece como erial estéril de esperanzas y reivindicaciones espirituales para sobrellevar el yugo material de la crisis, pobreza e injusticia. La Iglesia Católica tiene soberanía indudable sobre los mexicanos, pero ésta es elástica.

La elasticidad se exhibe en la anomia prevaleciente, fenómeno que es la falta de correspondencia entre los mexicanos y las reglas jurídicas y normas societales, incluyendo las religiosas. La idea de Dios y lo divino también está en crisis. En la psique colectiva, el de Nazaret se parecería cada vez más al Che Guevara.

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