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Dalia Reyes
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11 Junio 2019 03:50:00
Poder con eso
En el suicidio número 20. Otro adolescente murió por voluntad propia. No dejó una nota, pero la abuela afirmó que en el último enfrentamiento con él decidió retirarle el teléfono celular. El muchacho se colgó: si no pudo con esa tontería no iba a poder con la vida, fue un juicio generalizado ante la noticia colocada en una esquina apenas visible del diario local.

La causa y la consecuencia, vista como legos del juicio, parece muy clara: sin celular no vale la pena vivir. Atinar con ese razonamiento sería tanto como dar a un blanco lejano con una venda en los ojos.

Ante el incremento de suicidios -como ante el de asesinatos, pederastas o violadores- la respuesta popular busca limar las posibles asperezas que como grupo restregamos sobre los demás. Los adolescentes, en particular, enfrentan un problema que las generaciones anteriores no conocimos: al parecer, esta sociedad no los necesita, sino que los repudia.

La orientadora familiar Ángela Marulanda escribió lo siguiente: “Todos los seres humanos necesitamos saber que tenemos una misión qué cumplir en esta tierra, en otras palabras, encontrarle un sentido a nuestra existencia. Y este es especialmente importante durante la adolescencia. Muchos adolescentes sienten que nadie cuenta con ellos y por lo mismo que no tienen una razón para vivir (lo que los hace más propicios al suicidio). A diferencia de los niños, ya no consideran que su vida es responsabilidad de sus padres, sino que están conscientes de que son personas de una identidad distinta y un destino propio”.

Cierra su texto hablando de la función de los padres para completar ese círculo inconcluso emocional que enfrentan porque, aunque se les tilde de lo contrario, ya son seres pensantes y, si se me permite la palabra, “deseantes”.

¿Para qué sirve un adolescente, entonces? Supongo que pone a prueba la capacidad para seguir construyéndonos como una sociedad y no como una horda. Ellos no son invisibles, ni mudos; quizá los adultos deberíamos ser menos ciegos y sordos.
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