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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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28 Enero 2009 04:56:56
Poder y exclusión
El Presidente ejerce las potestades de su investidura con sus amigos o familiares

I

En México, el ejercicio de la política responde a imperativos conformados por la lógica de la exclusión y ésta, a su vez, es secuela de un registro enteco, por faccioso, y, por ende, crematístico, del poder como un fin ajeno a lo social.

Mas si no es un fin ajeno a lo social, sí es, dada su facciosidad, un medio de enriquecimiento personal y, a veces, de grupo que en no pocas ocasiones es de complicidades filadelfianas, aun dentro de un mismo grupo político o de interés.

Que esa peculiaridad del poder político –uno de los elementos constitutivos del Estado mexicano– es aberrante pocos ciudadanos conscientes de la realidad (que los hay, sí) lo dudarían. Estado plutocrático.

Esa facciosidad en el ejercicio del poder político mal distingue la vida nacional, pues el fenómeno se arraiga cada día más; persiste entreverado con el tejido de la cultura política en todas las instancias y vertientes del Estado.

Cierto. Lo mismo en las instancias y vertientes federales del Estado que en los ámbitos y confines de las entidades adheridas a la federación de Estados Unidos Mexicanos o en los municipios, el fenómeno es insoslayablemente dramático.

Sin duda. Adviértese la presencia del fenómeno de la faccionalidad –con atributos, incluso, de un acentuado y, por ello, muy perverso espíritu de cuerpo– del ejercicio de potestades constitucionales y metaconstitucionales.

Se ejerce, pues, el poder, en círculos íntimos, de amigos, cofrades, parentela nuclear y/o extendida, afines y, por lo mismo, en complicidad. Ello reduce drásticamente lo cualitativo y lo potencial del recurso humano.

Así, el Presidente de la República –fuere quien fuere– ejerce las potestades de su investidura con sus amigos, socios o familiares. Los gobernadores se desempeñan de igual estilo y guisa, con amigos, asociados y parientes.

II

Incluso, en los espacios del poder político en la célula básica que es el municipio, emblematizado en el ayuntamiento, se gobierna faccionalmente, sólo con amigos, socios o afines consanguíneos o políticos, o de clase.

En algunos estados, como el de Veracruz, el poder se ejerce bajo esa modalidad excluyente, desprivilegiando la premisa mayor de la democracia, que es la de la inclusión.

Esa conducta facciosa conforma pedagogía. Tiene, documentadamente, un efecto didascálico. En el caso de Veracruz, el gobernador Fidel Herrera Beltrán exhibe notoriedad excluyente. Y enseña a sus discípulos facinerosidad.

A ser forajidos pseudolegítimos mediante la politiquería, distinta en todos sentidos de la política, pues implica conductas criminógenas del poder. Usan recursos tangibles e intangibles del poder subrogado para abusar de éste.

En efecto. No les enseña a hacer política, sino politiquería, que es el recurso del poderdatario que entiende al poder como fin personal, de facción, de grupo, mas no como un medio para servir a la sociedad.

No en vano. Don Fidel, emergido de las cloacas putrefactas del fariseísmo mimético y saltimbanqui –la simulación y su vástaga la demagogia– del priísmo ejerce el poder inspirado en que éste debe servir para lucrar. A muy pocos.

III

Como secuela monstruosa de esa singularidad facciosa del ejercicio del poder político en México –otra vez, Veracruz es caso de libro de texto–, los poderdatarios (presidentes, gobernadores, alcaldes) actúan antidemocráticamente.

Y actuar así –opuestos a la democracia– los lleva a una metamorfosis, a una infalibilidad cuya laya distorsiona los objetivos morales y éticos, torales ambos, de la política y el ejercicio del poder político.

Así explicaríanse las limitaciones, las cortedades de miras, la demagogia, y distorsiones/desviaciones filosóficas, ideológicas y políticas.

Ello incide negativamente en el meollo vero, el cortical, de la razón de ser del poder político reprersentado en el Estado como forma avanzada de organización de una sociedad. Ésta, empero, existe secuestrada por facciones y mafias.

Esas mafias actúan hamponilmente, de allí que en la ciencia política y el sentir popular se les considere hampa política. Los gobernantes –poderdatarios de una potestad prestada o subrogada temporalmente– se convierten en hampa.

En bandidos, pues. Bandidos que mienten, simulan, engañan y traicionan impunemente a quienes los han investido para servir a todos, no a una facción que, por ese mero atributo de exclusión, es opuesta a la democracia.

La impunidad en el abuso del poder político constituido por la sociedad mexicana conduce a la desfachatez, al cinismo y el descoco, así como a la insolencia, la soberbia y la arrogancia.

Las facciones en el poder político acusan con elocuente nitidez esas características que antojaríanse idiosincrásicas. Atenta contra los anhelos democráticos, dolorosamente históricos, del pueblo de México.
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