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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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20 Octubre 2020 04:04:00
Podio electoral
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Seis de cada cuatro coahuilenses desairaron las urnas en las votaciones para diputados del domingo. ¿De qué se jacta entonces el Instituto Electoral, entre cuyas funciones tiene, justamente, promover el sufragio? No fue por la pandemia, sino, en la mayoría de los casos, por la baja calidad de los candidatos y el rechazo ciudadano a los partidos. Se trató de una competencia entre estructuras, terreno en el cual el PRI siempre llevará ventaja. No de balde ocupa el poder en Coahuila desde hace 91 años. Además, si el Congreso representara un poder autónomo y determinante, no habría elección intermedia con tamaño abstencionismo.

¿Con qué ánimo concurrir a las casillas con candidatos que, en algunos distritos, en vez de estar en las boletas deberían figurar en expedientes judiciales? ¿Quién paga por asistir a un espectáculo con actores de cuarta y un final conocido de antemano? Porque acudir a las urnas, contra lo que pudiera pensarse, también cuesta. El precio no se cubre en las taquillas, sino a través de los impuestos. El carro completo es importante para el PRI, pues levanta la moral de un partido apabullado en las presidenciales de 2018.

Sin embargo, el triunfo debe ser ponderado en su justa dimensión y no atribuírsele efectos automáticos para futuros procesos locales y federales o ser tomado para afianzar agendas personales. Desde que los Moreira reformaron la Ley Electoral del estado a su arbitrio para separar las elecciones de gobernador, alcaldes y diputados cada seis años, y de Congreso y ayuntamientos cada tres, con la aquiescencia de las oposiciones, el patrón es el mismo: el PRI gana en los comicios intermedios todos los distritos. Ocurrió en 2008, 2014 y ahora en 2018. Es un método perfeccionado por el PRI para hacerse con el control de un poder vital para el gobernador de turno, máxime en la parte final de su sexenio. A Humberto Moreira le sirvió, por ejemplo, para ocultar la deuda; y a Rubén, para mantenerla impune. ¿En qué utilizará su mayoría Miguel Riquelme?

El PRI celebra a bombo y platillo haber ganado de todas todas mientras las oposiciones -el PAN y Morena sobre todo- buscan culpables en vez de asumir su responsabilidad por el fracaso en las urnas, pero también por su indolencia y la pésima conducción de sus partidos, en particular Morena, el cual, según el senador Armando Guadiana, se vendió al PRI. ¿No hizo lo mismo en la actual legislatura? Pensar que el solo nombre de Andrés Manuel López Obrador le daría la victoria a candidatos sin trayectoria, reconocimiento público o sacados del baúl de los recuerdos, igual que pasó hace dos años, merecía como resultado la derrota.

El PRI, mal que bien, hizo su tarea. Movilizó a su estructura y juntó, con algunas variaciones y el mismo índice de abstencionismo (60%, ¿curioso, no?) niveles de votación por encima de los 400 mil votos: 443 mil en las intermedias de 2008; 454 mil en 2014 y 415 mil el domingo pasado. Ese es su techo. Morena desplazó al PAN como segunda fuerza en el Congreso local. El partido de AMLO tendrá cinco diputados en la próxima legislatura. Pero así tuviera 9 -como Acción Nacional ahora- o más, será inútil si se aliena al PRI. Sugerir que el gobernador Miguel Riquelme venció a López Obrador en las urnas y que el carro completo representa la resurrección del PRI es una desmesura, un deseo de agradar. El podio de triunfadores lo ocupan: en primer lugar, el abstencionismo; en segundo, el PRI; y el tercero, Morena.
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