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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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29 Septiembre 2020 04:09:00
Podridos hasta la médula
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Tal vez sean solo fragmentos de lo más bajo, sucio y enfermo de la sociedad, pero son tantos y afloran tan seguido, que terminan por esbozar a una sociedad podrida hasta la médula.

Los casos de abuso sexual, de agresiones, acoso, intentos de rapto y raptos consumados, con el único propósito de violar a una jovencita, salpican cotidianamente nuestro entorno.

La misoginia, el machismo, la violencia siempre, desgraciadamente, han estado presentes, pero vivimos uno de nuestros momentos más bajos y peligrosos para las niñas, jovencitas, mujeres; para nuestras hijas, hermanas, esposas y madres. Vivimos un momento, como también desgraciadamente, ya lo hemos vivido centenares de veces, en que los depredadores, las bestias están sueltas y a la caza de víctimas.

Y hay ejemplos francamente brutales de lo que padecemos por estas manzanas podridas que deambulan por nuestras calles y acechan en las colonias, en los negocios, en los parques.

¿Cree que exagero? Va un fragmento: “en los tejabanes de la colonia Mirasierra una niña de solo 6 años fue brutalmente violada y hospitalizada. El agresor es un conocido de la víctima, ‘El Nando’”. Pues este agresor sexual tiene 12 años.

Otro fragmento, uno de la docena que se han registrado en los últimos días: el jueves, raptaron a una niña de 12 años. Eran varios sujetos en una camioneta de lujo. La golpearon, la violaron y la aventaron como desecho en la colonia Guayulera.

Y Alondra, la jovencita, madre de una niña de 4 años, asesinada por un supuesto “amigo”. Un drama que golpea directo en el corazón social, que conmociona e indigna por todas sus implicaciones, entre ellas, que esta, hoy, sigue siendo una ciudad despiadada con las mujeres.

Son solo fragmentos, pero son tantos y tan seguido, que revelan una enfermedad social grave, la de la violencia, la misoginia, la del más bajo y abyecto de los machismos; de la carencia de empatía y del más elemental respeto por la integridad y vida de quienes nos rodean.

Sí, estamos podridos hasta la médula.
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