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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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29 Abril 2020 04:07:00
Políticas criminales
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Muchas de las políticas públicas con las que los gobiernos pretenden combatir la pandemia resultan peligrosas o dañinas; algunas son, incluso, criminales.

Ahí está el caso de Nuevo León, donde al Gobierno se le ocurrió que la mejor forma de reducir los contagios era restringir el transporte. Ordenó así, la disminución de corridas de autobuses y microbuses, suspendió el transporte público los domingos, y prohibió que más de dos personas pudieran trasladarse en un vehículo privado.

El resultado no fue una disminución en el número de personas que salían a las calles, sino una saturación del transporte público. La aglomeración resultante ha hecho imposible mantener la sana distancia. Si la idea era aumentar el número de contagios, el Gobierno de Nuevo León ha tenido un gran éxito; si el propósito era disminuirlos, estamos viendo un enorme fracaso.

El problema es que los políticos lanzan estrategias sin entender las reacciones naturales de la gente –que el gobernador de Michoacán tilda de “pendejos”– ni las consecuencias prácticas. Piensan que sus buenos deseos son suficientes, pero la verdad es muy distinta. En casos como las restricciones al transporte en Nuevo León, el resultado es francamente criminal.

Los gobiernos de la Ciudad de México y del Estado de México están aplicando también políticas que supuestamente buscan impedir contagios, pero tienen el resultado opuesto. Decidieron, por ejemplo, cerrar estaciones del Metro, el Metrobús y el Mexibús, los sistemas de transporte público que el propio Gobierno controla, con el argumento de que así lograrían que los vehículos hicieran menos paradas y, por lo tanto, redujeran la aglomeración de las estaciones al hacer los recorridos más expeditos.

El problema es, que la gente se ha quedado sin transporte en los lugares en que lo necesita, lo cual la obliga a usar microbuses o taxis. En algunos casos se ha quedado sin más opción que realizar largas e innecesarias caminatas para llegar a una estación abierta. A las personas de la tercera edad o discapacitadas la medida las despoja de la posibilidad de usar transporte público.

Más perjudicial ha sido prohibir un día a la semana la circulación de vehículos privados. La medida parece diseñada para generar una mayor saturación del transporte público. En algunos casos se convierte en un golpe para quienes utilizan su auto como instrumento para ganarse la vida en un tiempo tan difícil como este. Conozco personas que usan su vehículo para entregar alimentos y otros que lo emplean para trasladar o a atender a seres queridos. Pero hoy todo se complica ante una decisión de autoridades que no tienen conocimiento de políticas públicas ni sensibilidad social.

La forma en que se han hecho los cierres de las llamadas “actividades no esenciales”, es otro ejemplo de una política mal diseñada. La medida buscaba generar una mayor distancia entre personas, y quizá lo logró, pero sin respetar cadenas de distribución o las posibilidades de miles de mantener sus ingresos. Los pobres están siendo particularmente afectados, ya que han perdido una parte importante de sus ingresos mientras que las fallas de las cadenas de producción y de distribución se traducen en escasez de productos y en precios más altos.

Las malas políticas públicas terminan siempre por afectar a quienes supuestamente deberían ser sus beneficiarios. Pero a veces van más allá y se convierten en políticas criminales, como las que supuestamente deberían generar una sana distancia en los tiempos del coronavirus y solo provocan aglomeraciones.



Exhibicionistas

Los políticos están “exhibiendo” a empresas que despiden a trabajadores o les recortan sueldos. No se dan cuenta de que son ellos quienes han generado estas situaciones al aplicar políticas públicas mal diseñadas.
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