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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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20 Agosto 2019 03:52:00
Por un rumbo nuevo
En las democracias modernas no solo es necesario el triunfo legal para que el candidato ganador tenga una real legitimidad frente a la sociedad. En la actualidad, son necesarias la aceptación frente a la sociedad y la respuesta a un bien común temporal para que el representante de la nación sea un verdadero líder y no un paladín. Siempre será una tarea ardua la de gobernar, pues los hombres siempre tienden por naturaleza al bien particular. La verdadera vocación de gobernar se da cuando un “líder” contribuye y orienta al bien común.

Dentro de la filosofía política, el concepto de líder (llevado a infinidad de sinónimos y adjetivos: carismático, revolucionario, innovador, transformador, transaccional, colectivo, consensual, gerencial…) aparece íntimamente relacionado con la correcta dirección dentro del cumplimiento de la ley. Es en ese sentido que la dominación y el liderazgo son relativos. Hay gobernantes, que poseen la legitimidad en un sentido legal pero son incapaces de ejercer su poder y recibir obediencia. La visión política natural, no fabricada, la inteligencia, la sensibilidad y la formación son algunos de los elementos que un titular del Poder Ejecutivo debe tener.

Hoy para el Partido Revolucionario Institucional, hay muchas deudas que sanar y la política mexicana se encuentra desdibujada de la realidad. Del papel a la práctica hay una realidad distinta. La falta de credibilidad y de legitimidad en los políticos y en las instituciones hacen el umbral del mexicano cada vez más incrédulo e incierto. Para lograr recomponer el tejido social e institucional, es necesario por ejemplo, reducir drásticamente la violencia de manera coordinada, es fundamental combatir frontalmente la pobreza y romper con la brecha de desigualdad social que aún nos aqueja, es primordial atender el problema educativo buscando siempre la formación de personas libres, solidarias y responsables de su propio entorno.

Con su nueva dirigencia nacional, el PRI, asume nuevos compromisos como oposición desde el primer día; no es indispensable anunciarlos con fanfarrias, para muchos mexicanos este tipo de espectáculos suele ser una tomadura de pelo. Hoy hace falta más que eso para recomponer la institucionalidad del Gobierno y la estructura de la sociedad. México ha avanzado en su nivel de complejidad y muchas veces los objetivos que se anuncian son insostenibles y están condenados a defraudar y a no cumplir con las expectativas. Hoy, la sociedad mexicana tiene un divorcio con la política. El saldo con la sociedad que dejan los años, son altísimos y grande es también la tarea del nuevo presidente del PRI Nacional.
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