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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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28 Septiembre 2019 04:00:00
Preguntar para triunfar
“La curiosidad es más importante que el conocimiento”.
Albert Einstein.

Ah qué buena cita. ¿Y sabes sobre todo para quién? Para esos líderes infalibles que tanto están de moda en la 4T y en los negocios.

Personajes exitosos que se han vuelto arrogantes. Que piensan que lo que los llevó a la cumbre los mantendrá ahí. Que tienen otros datos y que no aceptan cuestionamientos o críticas.

Tlatoanis dogmáticos que terminarán por fracasar.

En cambio, te propongo que una curiosidad bien enfocada es clave para triunfar en la era de la disrupción.

Y para enfocarla bien hay que saber preguntar, porque cuestionamientos estúpidos conducen casi siempre al precipicio.

¿Cómo preguntar bien?

Vámonos por partes. Primero, la curiosidad es sello de fábrica del ser humano. Tom Stafford, de la Universidad de Sheffield, la atribuye a un rasgo humano evolutivo: la neotenia.

“Es la capacidad de retener ciertas capacidades juveniles en la edad adulta”, comenta en un artículo de la BBC.

Según Stafford, la curiosidad provocada por la neotenia es un atajo evolutivo que nos hace físicamente más débiles que otros primates y nos da la capacidad de seguir aprendiendo.

“La atención se enfoca en un vacío de conocimiento, lo que produce un sentimiento de privación: la curiosidad”, asegura G. Loewenstein, en el estudio, La Sicología de la Curiosidad.

Irónico: esta cualidad evolutiva que explica en parte nuestra dominancia evolutiva puede ser una losa en el mundo
corporativo.

“Es muy preguntón, no lo invites a la junta”, “no mide su boca y a lo mejor hasta contradice al jefe”.

Ya sabes lo que pienso al respecto: las opiniones diversas y el debate conducente son claves para generar nuevas ideas (relee Cómo ser Creativo y Piense como un Freak).

Para inquirir bien, primero que nada nada hay que evitar las preguntas equivocadas. Según la escritora Fran Peavey:

- Disfrazadas, porque manipulan. “¿Has considerado...?”, por ejemplo, buscar se apruebe una idea del interlocutor.

- Preguntas de “sí o no”.

- Cerradas, por la misma razón que la anterior.

- El consultor Roger Schwarz agrega en su blog del Harvard Business Review, otras preguntas a evitar: las retóricas. Si ya sabes la respuesta, o si cuestionas para ver si te dan la respuesta correcta o para probar un punto, la pregunta es retórica. Evítala.

Entonces, ¿cuáles serían preguntas conducentes?

Los consultores Andrew Sobel y Jerold Panas escribieron un libro al respecto: Preguntas Poderosas. Identifican 44 preguntas poderosas y otras 293 secundarias. Por ejemplo:

1. ¿Es esto lo mejor que puedes hacer? (¡Steve Jobs siempre hacía esta pregunta!).

2. Si se invirtieran los papeles, ¿cómo te gustaría que te trataran?

3. ¿Te importa que empecemos de nuevo?

4. ¿Qué opinas?
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