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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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11 Noviembre 2018 04:00:00
Presidencialismo sin equilibrios
Leo, con detenimiento, la entrevista a Diego Valadés que publicó Proceso el lunes anterior y que desató gran revuelo en el círculo cercano a AMLO.

Encuentro en ella una sensata convocatoria a la reflexión sobre aspectos que representan riesgos evidentes para la democracia, e incluso para la gestión del próximo Presidente de México, sean cuales fueren sus planes íntimos respecto de ella.

Aunque la referencia que hace Valadés se centra específicamente en la cancelación del proyecto aeroportuario de Texcoco, creo que bien puede extrapolarse, previsiblemente, a toda otra decisión presidencial futura, lo que me induce a formular algunos comentarios sobre el tema.

En cuanto a la preocupación expresada en el curso de la entrevista por la falta de proyecto “político, democrático e institucional” del Presidente electo, mucho me temo que debo disentir. Cuando el periodista pregunta “¿prevé que López Obrador gobierne a capricho?, y el jurista responde “a mí no me preocupa eso. A mí me preocupa una persona sola enfrentada a una constelación de intereses; entonces estamos destinados a naufragar”, tengo que decir que, a mí, como a una gran cantidad de mexicanos más, sí me preocupa ese riesgo por dos razones.

En primer lugar, porque creo que sí hay un proyecto político, inescindible de las facetas económica, social y ética, como AMLO mismo lo ha anunciado al proclamar una “cuarta transformación”, pero ese proyecto no es tan transparente como debiera y en su instrumentación –que ha comenzado aun antes de tomar posesión– deja entrever claramente rasgos de individualidad en las decisiones que no dejan de ser preocupantes.

En segundo lugar, porque el sistema de “frenos y contrapesos”, puntal indiscutible de la democracia, muestra una fragilidad que lo afectará seriamente en su funcionalidad, en vista del indiscutible ascendiente que ha mostrado tener el líder sobre sus seguidores, tanto como su control sobre el Congreso de la Unión y la mayoría de las legislaturas de los estados, lo que puede afectar la solidez de la estructura jurídica –por algo se llama “estado de derecho”– y la estabilidad, que no estancamiento, que en ella descansa.

Lo que se vislumbra claramente, a mi juicio, es un ejercicio de transformación política de muy profundo calado, en el que, sin embargo, falta definición a causa de que el voluntarismo parece haber obnubilado la perspectiva de un escenario global que trasciende no solo las fronteras físicas, sino que también excluye toda posibilidad de escindir, en la práctica y en la teoría, los interactivos sistemas político, económico y normativo.

Falta también, hablando de ética pública, algo más que la pretensión de romper parcialmente los entramados de algunos intereses creados, dejando de lado otros y, lo que es peor, sin prevenir la creación de unos nuevos que sustituyan a los anteriores.

Sostiene Diego Valadés que el equipo que habrá de asumir formalmente responsabilidades próximamente da ya muestras de estar desarticulado y movido por intereses no necesariamente coincidentes. Aun así, cabe un matiz en su aserto al decir que tiene “la impresión de que todavía no están conscientes de que, dentro de un mes, ellos van a ser los que tomen las decisiones. Todavía tienen los reflejos de quien está en la oposición”.

Habría que considerar que, en realidad, ya están tomando esas decisiones y hasta que algunas, las torales, ya están tomadas y lo que se ve es solo el inicio de su instrumentación.

Pero es verdad: los círculos cercanos se ven fracturados y hasta movidos por intereses opuestos, lo que implicaría un resquebrajamiento del liderazgo fuerte que se ha visto. Ello implicaría un incremento del riesgo de caer en el autoritarismo, según el propio Valadés reconoce: “… si sus colaboradores tienden a construir un autócrata, ese autócrata no será producto de la voluntad de López Obrador, sino producto de quienes hayan contribuido a hacerle creer que es el único que puede ver las soluciones del país y adoptar las decisiones por el país”.

El escenario, de darse, de todos modos sería indeseable.
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