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Vicente Bello
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20 Febrero 2019 04:00:00
PRI y PAN sienten mucha lumbre en los aparejos
Les escocía hasta el alma. Ya. Ya. PRI, PAN, lo que queda del PRD y MC se tomaron de la mano, hicieron causa común y se fueron contra una reforma al artículo 19 constitucional que ha terminado siendo un danzón dedicado a ellos –sobre todo a priístas y panistas-, que han robado tanto, no solo recursos sino también elecciones. Por la manera en que pretendían debatir, se podría discernir que les ardía el alma entera.

Aunque, a decir verdad, no les faltaba razón a estos cuando criticaban a Morena y al PT y PES de estar incurriendo en las prácticas legislativas que tanto criticaron en el pasado reciente. Fue una dictaminación a matacaballo; pero –se ufanaban los morenistas- previamente consensuada con el mismo Senado de la República.

¿De qué se trataba la reforma de marras? En 2008, en plena efervescencia del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa –quien dos años atrás había declarado la guerra al narcotráfico-, el PRI y el PAN de entonces aprobaron una reforma constitucional al 19 de marras, en la que insertaron siete delitos que tenían que ser sujetos de prisión preventiva oficiosa. Se mandató entonces: “El juez ordenará la prisión preventiva, oficiosamente, en los casos de delincuencia organizada, homicidio doloso, violación, secuestro, trata de personas, delitos cometidos con medios violentos como armas y explosivos, así como delitos graves que determine la ley en contra de la seguridad de la nación, el libre desarrollo de la personalidad y de la salud”.

Así ha estado el 19 desde el sexenio panista de Calderón y el sexenio priísta de Peña. Sin embargo, ahora que llegó López Obrador a la Presidencia de la República, este consiguió 30 millones de votos y pico con la promesa de que muchos delitos cometidos desde las alturas del régimen dejarían de ser impunes. Delitos que pusieron al país en jaque como nación.

Y entonces, en los tiempos todavía de la presidencia electa (septiembre de 2018), cuando comenzaba la 64 Legislatura, legisladores de Morena, la nueva mayoría legislativa, presentó en el Senado una iniciativa de reforma al 19 constitucional, en la que plantearon incorporar a los siete delitos puestos en la picota de prisión preventiva oficiosa las siguientes nueve conductas delictivas:

1: El robo de hidrocarburos, petrolíferos y petroquímicos;

2: Corrupción, tratándose de enriquecimiento ilícito y ejercicio abusivo de funciones;

3: Uso de programas sociales con fines electorales;

4: Uso de armas de fuego y explosivos de uso exclusivo del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea;

5: Robo de casa-habitación;

6: Robo a transporte de carga, en cualquiera de sus modalidades; 7: Abuso o violencia sexual contra menores; 8: Feminicidio y desaparición forzada de personas, y 9: Desaparición cometida por particulares.

Después de una deliberación en el Senado de tres meses casi, la Cámara de Senadores aprobó la reforma de marras el 6 de diciembre de 2018 y la turnó a la Cámara de Diputados, para la continuación de su proceso legislativo.

¿Qué sucedió en San Lázaro? Pues nada, que al PRI y al PAN les entró el pánico. En la presidencia de la República ya no está a partir del 1 de diciembre un priísta y tampoco un panista, sino, nada menos, el hombre que más estuvieron jodiendo en los últimos 12 años, al grado de robarle el triunfo de la presidencia en 2006 y 2012. Robos reconocidos ya por ellos mismos. Y se les metió la realidad en el alma como cuchillo helado y desde entonces no paran de temblar.

Pensaba la mayoría de los diputados dictaminar y votar desde diciembre mismo esta reforma constitucional, pero pujaban priístas, panistas y perredistas. Y optaron por dejar el tema para un próximo periodo extraordinario de sesiones.

Un periodo extraordinario que fue convocado para su celebración el 15 y 16 de enero pasado.

Esta reforma era materia prima del extraordinario en la Cámara de Diputados.

Pero la bajaron.

Ni siquiera llegó al orden del día. PRI y PAN se sentían aludidos a más no poder.

Y de esas nueve conductas delictivas que el Senado había colocado en su minuta, prácticamente a todas las sentían malsanas para la población.

Uno de los principales argumentos de priístas y panistas –en torno de este asunto- ha consistido en afirmar que atenta la reforma contra la presunción de inocencia.

Y desde entonces no quieren que se incorpore ninguno de los nueve.

Cuando se detuvo en enero la continuación de la reforma constitucional del 19, se hablaba en comisiones de que con tal de alcanzar la votación colegiada (los dos tercios que exige la Constitución para reformas constitucionales), Morena, PT y PES aceptarían bajar a tres la nomenclatura delictiva constitucional propuesta para adicionarla a las siete que habían impuesto en 2008 priístas, panistas y Felipe
Calderón.

Las tres de marras son: Uno, robo de hidrocarburos, petrolíferos o petroquímicos. Dos, corrupción, tratándose de enriquecimiento ilícito y el ejercicio abusivo de funciones. Y tres, uso de programas sociales con fines electorales.

Pues tampoco las quieren los priístas y panistas. Sienten lumbre en los aparejos, pero en serio.

Si alguien ha robado al país en materia petrolera, son delincuentes ligados al PRI y al PAN; si alguien ha robado elecciones, ni más ni menos, son el PRI y el PAN; si hay partidos políticos metidos en corrupción hasta el tuétano han sido el PRI y el PAN.

Y, anoche, cuando se aprobaba la reforma de marras, estaban que se los cargaba “la tía de las muchachas”…

Veremos sus argumentaciones, de anoche y las que resulten en el Senado. (Continuará)
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