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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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07 Enero 2009 04:40:09
Protasio Coatl
"No hay nada imposible al calor de una revolución".
Lucas Alamán


I

El enjuto hombrecillo –un metro 45 centímetros de estatura– parecía dormitar, sentado esa tarde de alisios frescos en la sierra de Soteapan, en un sillón mecedor de cedro a la puerta de su casa de techo de palma.

Caído sobre sus ojos cerrados el sombrero –de esos que llaman de cuatro pedradas, típicos de Veracruz– el hombrecillo parecía hablar dormido: sus delgados labios se movían, musitando algo inaudible.

Y, así como movía sus labios, cadenciaba rítmicamente, al unísono, su sillón, moviéndolo con cierta lentitud. Sus musitaciones parecían también estar a tono con los sonidos del entorno de un verde lustral.

Ese follaje era movido suavemente, pero sin pausas, por energías cefirales venidas del Golfo de México que tramontaban el enhiesto volcán azulado, el de Santa Martha, y caían con mansa lisura por la falda de la serranía.

¿Acaso convocaba con sus musitaciones ese hombrecillo los hálitos oceánicos que traían frescura a la montaña y, además, hacían coro sinfónico en ese escenario bucólico en la sierra soteapacana?

¿Y qué decía el hombrecillo en sus bisbiseos monótonos? ¿Hablaba tal vez, como sabíase por la región, con los misteriosos chaneques traviesos y malcriados de la mitología olmeca legados a la cultura popoluca de hoy?

Y si tal vez hablare con los chaneques –duendecillos de metamorfosis portentosa–, ¿en qué lengua lo hacía? ¿En la olmeca original, misteriosa e incógnita, o la popoluca, corrupta por la de Castilla?

II

Alertado por pasos sobre pasto y marga apisonada de un visitante –este escribidor–, Protasio Coatl interrumpió su meceo y exhibió su rostro broncíneo oscuro, de color telúrico, y ojos pequeños, atezados.

Su mirar era penetrante, pero a la vez tranquilizador. Adviértese una proporción estética perfecta en ojos, nariz, sus labios y, en general, el contorno de su faz; ésta es surcada por arrugas de más de 100 años.

“¡Qué bueno que me visita!”, dijo, extendiendo su diestra rugosa, aunque pequeña y de apretón leve. “Estaba yo soñando no sé ya por cuánto tiempo”, añadió con una sonrisilla que mostró pocos dientes, pero iluminó su rostro.

El legendario filósofo de Pajapan, autor de aforismos que, aclara, por obvios suelen ser desestimados, don Protasio, y el escribidor hablarían del Ateneo de Cosoleacaque, cuyo Consejo Consultivo preside aquél.

“Dígame de sus dudas”, invitó don Protasio. “Más que dudas”, fue la respuesta del escribidor, “lo que deseo es registrar sus sentires acerca del contexto que influyó en los reconocimientos del Ateneo en 2008”.

“¿Los indios zapatistas, los oaxaqueños appistas, los maestros de Guerrero, don AMLO, doña Sanjuana, don José Jacques, el don doctor Simi?”, inquirió con voz apagada y feble pero esforzada y hasta febricitación.

Don Protasio entró a su casa con paso firme, pese a sus achaques (“Me duelen las rodillas de cuando en cuando”, elucida) y, sin auxilio alguno, sacó un poyal de madera, el cual colocó enfrente de su mecedora.

III

“Siéntese, por favor”, ofreció. “¿Compartiría usted este ‘popo’; está muy fresco en la jícara”, añadió, y se sentó. “Hablemos”, dijo. “¿Qué tiene en mente? ¡Ah, el reconocimiento moral, me imagino, a mi amigo Ramiro”.

Ramiro es Guillén Tapia, líder que era al inmolarse en Xalapa frente a la oficina del gobernador veracruzano Fidel Herrera, por las burlas de éste a él, del Comité Regional de Derechos Humanos del Sur de Veracruz.

“Usted podría pensar que el reconocimiento moral es apología del suicidio; no lo es”, prosiguió don Protasio. “Es reconocer su integridad, al verse burlado, engañado, por 103 ocasión por el gobernador Herrera”.

“El suicidio no es emulativo, pero las causales, en el caso de Ramiro, son síntomas que hablan de desesperación y urgencia de muchos; su inmolación estrujó la conciencia de los mexicanos burlados por los gobernantes”.

“Ese gobernador, el señor Fidel, es insensible a las verdaderas demandas sociales y sólo ofrece demagogia; nos da atole con el dedo, como decía mi señor padre. No se da cuenta (de) que hay una revolución en marcha”.

El anciano escuchó la pregunta, miró fijamente al escribidor y dijo: “Nomás mire al rededor: hay movilización social que sólo los ciegos no quieren ver, pero allí está...

“Los gobernantes, como ese señor Herrera, con su insensibilidad, indiferencia, demagogia, mentiras, truculencias y subterfugios, pensando sólo en enriquecerse a nuestra costa, atizan el gran fuego del descontento”.

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