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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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08 Enero 2009 04:40:15
Protasio Coatl II
El mayor error de un revolucionario es desconocer la oportunidad de los proyectos que emprende: Lorenzo de Zavala

I
Protasio Coatl, el legendario Filósofo de Pajapan, centenario personaje a quien se le atribuyen, en la conseja lugareña, poderes metafísicos de reencarnación y comunicación con sus ancestros olmecas -los popolucas de hoy- discierne:

“Es obvio que nuestro país, México, o como usted lo llama, el Estado mexicano, está en descomposición orgánica, siendo ésta una consecuencia de distorsiones terribles en el ejercicio antisocial, antipueblo, del poder desde hace varios sexenios”.

Don Protasio -los ojillos inquietos, contrastando con el broncíneo enjutamiento facial de contagiosa placidez- hace una pausa y sorbe de su jícara la espumosa bebida de cacao, maíz y bejuco conocida como “popo” y expresa gratificación.

“¿Por qué lo divide usted en sexenios y no en generaciones?”, le pregunta el escribidor. “¿De cuántos sexenios está usted hablando? ¿Desde qué sexenio específicamente, de quién, de qué Presidente de la República?”.

Cierra los ojos en meditación. El rostro de don Protasio parece reflejar una búsqueda en sus bancos cerebrales de datos y vivencias -los acervos de la memoria- y sus complejos laberintos experienciales. La búsqueda mental antójase intensa.

“Desde el sexenio del Presidente de la República que se llamó Manuel Ávila Camacho”, dice y, a seguidas, hace un ademán con su pequeña diestra que exhíbese con febledad para avisar que abundará en el tema. Y, cierto es, sí qué abunda.

II
Y dice: “Los revolucionarios emblematizados epocalmente -o históricamente- en Lázaro Cárdenas pensaron que los candados a la contrarrevolución que ellos establecieron, como la Expropiación Petrolera, entre otros, eran fuertes, irrompibles...

“Pero no. Manuel Ávila Camacho empezó por revertir, aunque con delicadeza y cortesía que mal ocultaba convicción y firmeza, los logros revolucionarios. El señor don Manuel inició, yo pienso, la contrarrevolución... ¿Cómo? Creó las condiciones para ello...

“Creó las condiciones para consolidar el proceso contrarrevolucionario -echar abajo los logros de la Revolución- al designar a su sucesor, a Miguel Alemán Valdés, el padre de quien fue gobernador del estado de Veracruz hasta 2004...

“Quiero decirle que aquí, en estos pueblos indígenas, náhuatl y popoluca y de otras etnias, de la sierra de Soteapan, ese gobernador, también de nombre Miguel Alemán, aunque Velasco, vino como candidato en 1998 y nos prometió “hacernos justicia”...

“Pero, ya elegido gobernador, nos hizo injusticia. Sólo construyó un caminito, que no es suficiente para comunicarnos. Continuamos aislados, como desde siempre, sin embargo antes no estábamos, no vivíamos marginados, en la miseria, como hoy...

“Como yo veo las cosas, la miseria es la más extrema de la extrema pobreza, aquella que mutila toda esperanza de que algún día, pronto, hoy mismo al ponerse el sol y al siguiente amanecer, nuestra pobreza iría desapareciendo”.

III
El céfiro vesperal parece cesar, tal vez a resultas de un febeo repentino que acalora el entorno campirano, anticipando el anochecer inminente e inexorable. Con aleteo febril y fragorosa baraúnda, las aves empiezan a recogerse en los follajes.

Don Protasio se levanta de su mecedor. “El tiempo se ha detenido”, musita. “Los chaneques no tardan (en aparecer); ya es su hora...”, adiciona. Y, luego, con voz casi inaudible invita al escribidor: “Entremos”. Tose ligeramente y escupe al pasto.

Dentro, oscuridad, y un odorcillo cálido, reminiscente de resinas inidentifables aunque asociadas, a veces, al palo mulato o a la ceiba. Olor a misterio, a enigmas, a ancestralidad, como los chaneques o como la misma lengua olmeca. Hay penumbra.

Don Protasio se acomoda en un butaque e invita al escribidor a hacer lo mismo en otro poyal rústico. La tenuidad ambiental -la media luz- detona visiones en el visitante. Seres etéreos que se mimetizan y rozan apenas los sentidos. ¿No estamos solos?

Don Protasio hace un gesto -arruga la boca- y, cual si de la nada, surge una luminosidad sutil que da nacencia a formas chinescas que danzan en las paredes de la casucha solitaria en la sierra. ¿Nigromancia? ¿Aojo? ¿Taumaturgia? ¿Chaneques traviesos?

Sentados ambos, don Protasio retoma el hilo. “¿Cometió el señor don Lázaro un error o lo hizo a propósito al designar sucesor al señor don Manuel? No lo sabemos. Pero lo que sí sabemos es que no estamos aprendiendo las moralejas...”.

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