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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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09 Enero 2009 04:50:53
Protasio Coatl III
La única revolución posible es la de sí mismo, con otros alrededor de otros, y ya de allí hacer otras revoluciones: Héctor Manjarrez

I

A los 108 años de edad, Protasio Coatl, quien preside el Consejo Consultivo del Ateneo de Cosoleacaque, que otorga anualmente un reconocimiento moral a mexicanos distinguidos por su conducta emulativa, enuncia:

“Todos los mexicanos sabemos en mayor o menor grado y según ver y entender la realidad de cada quien que ésta es muy desfavorable a sus intereses particulares y los del país. México se está desintegrando”.

Sentado en un butaque, en la penumbra de su modestísima casucha de techo de palma en un claro del bosque en la sierra de Soteapan, en el sur de Veracruz, don Protasio sorbe su “popo” de cacao, maíz y bejuco, y añade:

“El peligro, como yo lo veo, es muy grande porque el poder político y el poder económico no han caído en la cuenta del proceso de desintegración de México o, si acaso, lo minimizan o subestiman...

“¿Por qué? Porque los intereses del poder político y económico no son los intereses de México, los del pueblo, los del país. Yo veo que esos intereses son contrarios, a los de los mexicanos, aunque (éstos) no se den cuenta...

“El problema no es la muy obvia ineptitud de (Felipe) Calderón como político, estadista y gobernante; tampoco lo es por su falta de representatividad ni su consiguiente carencia de autoridad moral...

“La causa de la desintegración de México no es, yo insisto, el señor don Felipe; tampoco lo es la dependencia, que yo siento humillante, de nuestro país con respecto a Estados Unidos”.

II

A extramuros, la noche ha caído sobre este hemisferio del planeta, extendiendo, en un ciclo cósmico interminable, el manto de negritud con arreglo al imperativo de las leyes del universo que rigen nuestra galaxia.

Los ruidos han cesado, mas no así las chinescas danzas en los muros de la casucha. Los chaneques deambulan, inaudibles e invisibles, por el recinto de piso margoso. Uno parece sentirlos en su andar tocando las piernas.

Las sombras chinescas desvelan, de cuando en cuando, estantes con libros sobre la pared de adobe y, ¡sorpresa!, una “laptop” Toshiba, sobre una mesa cuya rusticidad contrastaría con el portento tecnológico de la computadora.

Un vistazo a los libros discierne, para el escribidor, un diccionario -el de la Real Academia- de castellano y otro en inglés-español y francés-español. Los títulos de los demás libros no son legibles a distancia.

Con pretexto baladí, el escribidor se levanta de su poyo y se acerca a un plúteo armado con rejas -cajas- de pino delgado rescatadas, tal vez, de la abarrotería en Pajapan, Cosoleacaque o, quizá, de un Wal-Mart en Coatzacoalcos.

Léese un título: “Curso de Filosofía Política”, de Georges Politzer; luego, uno de Mao, pequeño; hay obras del Che, Juárez, Fernández de Lizardi; ajados, dos tomillos de la Revolución Mexicana, de Silva Herzog; en inglés, The six sense”.

III

Don Protasio ayúdase, concluiría el escribidor, no sólo del presunto acceso al inframundo metafísico y cosmogonía de sus ancestros olmecas -los nahoas están aun en párvulos, cotejados con aquellos-, sino también del saber de hoy.

Don Protasio observa al visitante y su interés en los libros. “Regalos”, explica lacónicamente. “La Toshiba es otra ventana al mundo; yo lo leo a usted en Diario Libertad, por Internet”. Ríe como si gimiese. Dice: “Los chaneques tenían su Internet”, dice. “Su pensamiento, su conocimiento, su comunicación era espacial, por una forma de ciberespacio mental”. Recobra la adustez de su rostro. Y mira con fijeza.

Su agilidad mental sorprende. “Pero que el poder político y el poder económico no actúen no quiere decir que el poder social, el del pueblo, está también inactivo, pasmado, catatónico, pasivo, indiferente, dormido”.

Reinserta don Protasio el proverbial hilo en la aguja: “El poder social está actuando; por eso le dije que hay una revolución en marcha, determinada por las condiciones existentes, de descomposición y desintegración”.

“Esa revolución en marcha es una revolución de la conciencia: muchos mexicanos están actuando de muchísimas formas y estilos para modificar la realidad que nos oprime a todos. Esa revolución se ve, se palpa, se siente...

“También se ve en las calles (en la Ciudad de México, en Oaxaca), en la selva y en la montaña -en Chiapas, Guerrero, Veracruz, Puebla- despertando conciencias, diciéndole a los mexicanos que hay soluciones...
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