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Guadalupe Loaeza
Guadalupe Loaeza
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18 Abril 2019 03:31:00
Quasimodo
No hay duda que el personaje más triste de la literatura universal de todos los tiempos, por el incendio de la Catedral de Notre Dame, es Quasimodo, el enamorado de Esmeralda, ambos protagonistas de la novela Notre Dame de París, de Víctor Hugo, publicada en 1831. Démosle la palabra a este héroe para que podamos consolarlo en la medida de lo posible.

“Sí, estoy muy triste, pero a la vez, feliz... Desde que se incendió mi Catedral, porque han de saber que es mía y de nadie más. Era mi universo, mi bosque y mi paraíso. Allí viví mucho tiempo, desde que mis padres me abandonaron a las puertas de Notre Dame debido a mis deformaciones físicas. Entonces tenía 4 años y ya era más feo que el hambre. Quien me recogió fue el archidiácono Claude Frollo, un personaje diabólico, que representaba el mal. Él fue el que me puso un nombre en latín, ‘Quasimodo’, es decir, ‘Quasi modo’ (casi como), que son las dos primeras palabras con las que se introduce la misa del domingo, después de Pascuas. Conforme fui creciendo, crecía mi cabeza pelirroja y mi joroba, la cojera se había pronunciado notoriamente; mi ojo izquierdo se había cerrado de más en más haciéndome totalmente tuerto, tenía los dientes chuecos y era más sordo que una tapia debido al intenso sonido de las campanas, mis verdaderas amigas y confidentes. Mientras las abrazaba y besaba, las hacía sonar con mucho amor. Ellas me consolaban porque todo yo era ‘una mueca’. Sin embargo el escritor describe lo que hay detrás de mi fealdad: ternura, generosidad, pero sobre todo, amor. Quién me iba a decir que a los 20 años me apasionaría por una gitana. De una hermosísima ‘egipcia’, como llamaban a Esmeralda, a su vez enamorada del capitán Phoebus.

“¿Por qué habrá querido Hugo que viviera el desamor con tanto sufrimiento? Yo sentía que nadie me quería; que todo el mundo me rechazaba”. Víctor Hugo escribió Notre Dame de París en tan solo cinco meses. Contaba madame Hugo que su marido le pidió que lo encerrara bajo llave, que escondiera su ropa y que no lo molestaran bajo ningún pretexto. Hugo compró un frasco grande de tinta y se dijo que cuando terminara su libro por completo pondría el punto final. Y así lo hizo. La novela fue de las primeras que tenían ilustraciones. Fue un éxito. El mismo año de su publicación vendió 3 mil 300 ejemplares que, para la época, eran muchísimos. En la obra encontramos pasajes muy intensos y románticos que tocan realmente el corazón y que suceden en la época medieval, en la cual la pobreza aparecía por todos los rincones de París, especialmente en lo que se llamaba la Corte de los Milagros. En el libro encontramos todos los sentimientos posibles, la compasión, el amor, la pasión, el odio, el miedo, el horror y los enormes contrastes entre ricos y pobres, así como el abismo entre los poderosos y el pueblo. Para escribirla Hugo hizo una investigación exhaustiva. Se podría decir que él se convierte en un verdadero arquitecto al describir mi catedral de estilo gótico, con tantos detalles: mis gárgolas, columnas y mis torres. Para mi creador, mi físico tan repugnante y sucio, de alguna manera, representaba el deterioro de la catedral. Hugo quería que su novela fuera como una denuncia. Quería que se tomara conciencia del envejecimiento de mi catedral y que se hiciera algo para que se impidiera tanto deterioro. Fue tal el éxito que unos años después el arquitecto Eugéne Viollet-le-Duc empezó el proyecto de la restauración.

“Al principio de mi exposición les decía, queridos amigos, que a pesar de mi tristeza por el incendio, estaba feliz porque finalmente la estructura de mi catedral no está tan dañada, como muchos pensaron. Estoy feliz porque el vitral de la roseta tampoco se dañó, ni la corona de espinas ni el manto de Luis 9, así como el órgano que solía escuchar, en mis torres, emocionado y siempre pensando en Esmeralda. Afortunadamente no le afectó el impacto del agua ni el calor de las flamas. Ignoro si este órgano era el del siglo 14, pero el que yo escuchaba tenía un sonido celestial, gracias a sus 7 mil 374 tubos...

“Para concluir, quiero decirles que mi amor imposible por Esmeralda, en la vida real, no lo fue en la muerte. Podríamos decir que Víctor Hugo muestra cómo nuestro amor trasciende a lo real y hace posible que seres tan diferentes, en apariencia, estemos eternamente ligados, gracias a su maravillosa novela Notre Dame de París”.

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