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Isabel Arvide
Isabel Arvide
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Periodista, ha colaborado en los principales medios nacionales desde 1976. Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1984, primera mujer en obtenerlo por opinión. Es conocida por sus comentarios políticos críticos, ha publicado novela, poesía erótica, crónica y entrevistas. Entre sus libros destacan, con más de diez ediciones vendidas, "La Decisión Presidencial" y "Asunto de Familia", ambos analizando la corrupta relación entre Manuel Camacho, Carlos Salinas de Gortari y Luis Donaldo Colosio. En "La Guerra de los Espejos" narra el conflicto armado de Chiapas desde la visión de los cuarteles militares, editorial Océano, noviembre de 1998. Por el mismo sello editorial publicó, en 1999, "La Sucesión Milenaria" analizando el proceso electoral que llevaría a la derrota del PRI. Fue la efímera directora del diario Summa, de la empresa Televisa, hasta el primer día de diciembre de 1994, de donde salió por el encabezado: "Decepcionó el Gabinete". Hasta junio del 2000 escribió una columna política diaria para Ovaciones. A partir de esa fecha colabora en el diario Milenio, así como en el semanario del mismo nombre. Su columna diaria se publica en 15 periódicos de provincia. Visite www.isabelarvide.com

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18 Septiembre 2008 04:00:00
¿Qué falló en Morelia?
Nos fuimos acostumbrando a la muerte.

Incapaces de asimilar el mensaje y menos todavía, de darle respuesta.

Llevamos una contabilidad, cotidiana y acalambrante, de miles de ejecutados en nuestras calles sin que la indignación haya provocado –siquiera- una marcha, un grito, una desazón insomne. Millones, muchos millones de mexicanos, asumieron que la muerte violenta era cuestión intrascendente, que era algo ajeno a su rutina personal.

Nos quedamos indiferentes ante una cifra que cada día fue aumentando: Más de mil asesinados en Chihuahua en este año, más de cinco mil en todo el país durante el sexenio de Felipe Calderón, más de tres mil hasta septiembre.

Y 24 ejecutados con saña de violencia, aparentemente sin sentido alguno, en las cercanías de la Ciudad de México, en los confines de Peña Nieto, en un paraje que lleva a un santuario para mayor absurdo.

Que fuesen albañiles o campesinos o narcomenudistas no cambia la realidad de impunidad. De la organización criminal, de las complicidades con policías federales, estatales y municipales que tuvieron que participar primero para el secuestro y luego para la “exterminación” como parte de una guerra que cobra víctimas al azar.

No hemos sabido ver, entender, menos todavía contabilizar moralmente los mensajes del crimen organizado. De los grupos, como el que actuó en Morelia, con entrenamiento militar y gran placer por matar. A quien sea, por las razones más estúpidas, en afán de tomar el poder nacional, cualquiera que sea el significado que le demos a esto.

Porque los criminales ya no quieren, las explosiones en Morelia lo prueban, controlar “plazas” donde los dividendos económicos del delito son el botín, no, definitivamente no. Lo que pretenden seguramente habrá que revisar el origen y la capacidad de pensamiento estructurado de sus líderes, de las derivaciones de su hegemonía en muchas partes del país como en Michoacán con “La Familia”, es adueñarse del Estado mexicano, en todas sus acepciones semánticas.
Detonar granadas, que implica una operación paramilitar perfectamente planeada y con una organización, frialdad mental incluida, todavía más excelente, en una plaza llena de gente del pueblo que no tenía responsabilidad alguna en sus luchas internas, es una expresión de esta ambición. Que no se relaciona con los movimientos guerrilleros, pero que persiguen como éstos, derrocar al poder constitucional. Sea municipal, estatal o federal. Es decir, que pretende adueñarse del Gobierno, del país todo.

Surgen preguntas que lastiman la piel, la conciencia, lo que corresponde: ¿En qué hemos fallado todos? ¿Qué sigue? ¿Dónde está la esperanza del triunfo de la razón, de la ley, de lo que nos permitió convivir como sociedad en paz? ¿Cómo podremos, todos, recuperar lo que estamos perdiendo ante un montón de pelafustanes piojosos que sí, que sí hay que admitirlo, nos están poniendo de rodillas?...
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