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Columnista Político

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29 Mayo 2011 04:10:49
¿Qué le queda hacer a Memo?
Con un partido fracturado por el divisionismo, sin organización, carente de estructura, sin propuestas de gobierno claras, sin planeación, ausente de visión de Estado y con una desventaja electoral irrebatible, Guillermo Anaya Llamas se enfrenta a una disyuntiva que lo podría llevar a posicionarse como un verdadero líder en su partido o alejarse de Coahuila hasta la próxima cita con los electores.

El senador con licencia está consciente de su fracaso anticipado en la elección de gobernador que habrá el 3 de julio en Coahuila, pero mientras tanto hará hasta lo imposible, ya no para ganar adeptos, sino para restarle a sus contrincantes, especialmente el abanderado del Partido Revolucionario Institucional, Rubén Moreira Valdez.

Anaya llegó derrotado a la contienda. Creyó que su cercanía y el compadrazgo que tiene con el presidente Felipe Calderón Hinojosa serían suficientes para posicionarlo entre los votantes y vitalizar al Partido Acción Nacional, que en la entidad no ha sabido comportarse con dignidad al ser oposición.

Pero ahora se enfrenta al esquema del fracaso. Su partido atraviesa una de las peores crisis de unidad de su historia, y lejos de sumarle la candidatura que ostenta le ha restado.

PRIMERA LLAMADA… PRIMERA…. Desde que fue electo en el 2006 como senador de la República, impulsado por el entonces candidato presidencial Felipe Calderón, Guillermo Anaya abandonó Coahuila.

El legislador se estableció en la capital del país, se empapó de las mieles del poder presidencial al estar a cargo su compadre; amparado en el fuero viajó por diferentes rincones del mundo y contribuyó con la idea de su jefe para apoderarse de la dirigencia nacional del PAN.

Como legislador local y como diputado federal, Anaya se mantuvo cercano a la gente, atendía las peticiones que se le planteaban y ello le permitía conocer la problemática social de la entidad.

Esa actitud lo llevó a convertirse en candidato y después en alcalde de Torreón, en unos comicios en los que arrasó con todos sus contrincantes. Su participación social lo llevó a figurar como un líder natural en la Comarca Lagunera y a consolidar a esa región como uno de los principales bastiones políticos de su partido en el país.

Como alcalde, fue inteligente al aparecer como aliado del entonces gobernador, el priísta Enrique Martínez y Martínez, pues ello le permitió conseguir recursos públicos y obras de infraestructura adicionales para beneficio de los torreonenses.

SEGUNDA LLAMADA… SEGUNDA… Hasta ahí todo iba bien para el joven lagunero. Las cosas se le habían acomodado con facilidad gracias al contacto permanente que tenía con los ciudadanos.

Entre los panistas coahuilenses Anaya aparecía como el mesías que finalmente le daría a su partido la posibilidad real de competencia electoral en un estado con una militancia priísta y revolucionaria de arraigo histórico.

A nivel nacional la joven promesa empezaba a figurar. Tenía una trayectoria interesante como legislador y gobernaba uno de los municipios industrializados más importantes.

Sin embargo, de pronto algo pasó, Anaya se alejó de la gente y su carisma y efectividad política del ahora candidato a gobernador por el PAN y Unidad Democrática de Coahuila se empezaron a desdibujar.

En todas las encuestas y sondeos que se han hecho para medir la intención de los electores ante los comicios del 3 de julio, Guillermo Anaya aparece como un candidato derrotado.

En promedio, el candidato del PAN está 50 puntos por debajo del abanderado del PRI, diferencia que resulta irreversible cuando se ha ido una cuarta parte del periodo de campañas y cuando falta poco más de un mes para la prueba final: los comicios del 3 de julio.

TERCERA LLAMADA… PRINCIPIAMOS… Una vez que Guillermo Anaya administre el fracaso electoral que tiene enfrente estará ante una disyuntiva trascendental para su futuro como político y servidor público y también para las situaciones que su partido enfrentará en Coahuila.

La salida más rápida y la postura más cómoda que Anaya podrá seguir es abandonar Coahuila, tal y como lo han hecho los otros candidatos a la Gubernatura que han padecido la derrota.

De hecho desde ahora en el PAN se especula sobre el futuro que le espera a su candidato, pues entre sus colaboradores hay quienes lo ven reintegrado a la curul que tiene reservada en el Senado de la República, para esperar a que termine su periodo y después incorporarse a la campaña de quien será el abanderado del albiazul en la elección presidencial del 2012.

Hay también panistas que consideran a Anaya como integrante del gabinete de su compadre Calderón, quien antes de finalizar el año deberá realizar ajustes importantes en su equipo de colaboradores, sobre todo si se considera que de ahí saldrá el alfil para tratar de mantenerse al frente del Gobierno federal.

Los menos conservadores aseguran que Anaya, una vez derrotado en los comicios del 3 de julio, seguirá los pasos de su tutor en la política, Jorge Zermeño Infante y se establecerá como representante diplomático en el destino que él quiera elegir.

Pero una posibilidad hasta ahora inexplorada por los panistas tendría que ver con un ejemplo de cabalidad por parte de su candidato, en el sentido de que tras la futura derrota del 3 de julio permaneciera en la entidad, se afianzara como líder natural del panismo y convirtiera a su partido en una real oposición estatal y no solamente en un emblema que se desempolva en cada temporada de elecciones.

SE CIERRA EL TELÓN… El equipo de campaña de Rubén Moreira Valdez ratificó la decisión asumida desde el inicio del proceso electoral para no responder a la campaña negra que desde el Partido Acción Nacional (PAN) pretende disminuir la ventaja que tiene frente a su candidato a la Gubernatura, José Guillermo Anaya Llamas.

La postura de los priístas es simple, pues a mayor intensidad de la guerra de lodo la aceptación de su candidato entre los electores aumenta, particularmente en el porcentaje de ciudadanos indecisos que no simpatizan ni forman parte de ningún partido político, pero que en cada elección cumplen con el compromiso civil de acudir a las urnas.

Los electores están fastidiados con el encono. Las condiciones de inseguridad vigentes en el país, potenciadas con la guerra contra la inseguridad declarada por el presidente Felipe Calderón desde el inicio de su mandato, mantienen un ambiente social sombrío.

Por si fuera poco, los mexicanos padecen incrementos en los consumibles básicos, el Gobierno federal tampoco ha querido detener el alza permanente en el precio de la gasolina, del gas doméstico y de otros energéticos elementales, y para colmo la tasa de desempleo se encuentra estadísticamente por los suelos.

Todo lo anterior contribuye a que el poder adquisitivo familiar esté pulverizado, y para colmo, el partido del presidente Calderón está resuelto a generar en Coahuila aversiones y encono que en nada contribuyen a resolver los problemas más evidenciados: inseguridad y carestía.

Por ello la explicación que los priístas hacen al no responder a las áridas agresiones de sus contrincantes es entendible, pues resulta que entre más grandes sean las embestidas en contra de su candidato es también mayor la ventaja electoral que éste tiene.
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