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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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07 Julio 2019 04:08:00
¿QUÉ PASA CUANDO DAS CLICK?
Vivir es una experiencia increíble. Cada mañana la vida nos ofrece una flamante oportunidad para recomponer lo que somos, dejar de lado aquellos fragmentos que no funcionan y optar por unos nuevos.

A lo largo de la existencia vamos acumulando apegos que se adosan a nuestra vida como coraza. Nos provocan limitación de movimiento, aun así, tal vez prefiramos conservar esos apegos que sumirnos en el dolor de cambiar, una poza cuyo fondo no alcanzamos a adivinar.

En contraste con las generaciones que nos precedieron, la nuestra tiene una opción que no habrían siquiera imaginado los futuristas de hace 100 años. La extensión de nuestra mano puede abarcar un rectángulo provisto de un sistema electrónico y de una pantalla, capaz de trasladarnos, desde la intimidad de la arquitectura atómica de la materia, hasta la galaxia EGS-zs8-1, considerada la más lejana de la Tierra, y que por cierto se formó hace más de 13,000 millones de años. Sucede como con tantos otros elementos de nuestro imaginario actual, su carácter de accesibles nos lleva a perder de vista la magnitud que tienen sus alcances.

Una vez que entramos en la red, difícilmente nos salvamos de engolosinarnos. Comenzamos a dar clic aquí y allá, y vamos desde la mejor forma de quitar manchas en la ropa blanca, hasta cómo preparar hojas de parra, o de qué modo aprovechar los envases PET que desocupamos. Predicciones astrológicas, nombres para perros, en fin…

Hay opciones inagotables para todo lo que a nuestra loca cabecita se le pueda ocurrir, y sucede que en un momento dado nos saturamos de información, y ya no sabemos qué hacer con tanto en la mente. Para establecer un símil entendible, es como esos concursos norteamericanos en los cuales una familia se dedica a coleccionar cupones, llegan a la tienda de autoservicio y surten cantidades inimaginables de crema para depilar; salsas de soya bajas en sodio; galletas con chispas de chocolate sin gluten; aceite de coco y suavizante para la ropa. Cada producto en cantidades industriales, al grado que terminan habilitando una pieza de la casa como almacén… Por más que le he dado vueltas, no logro entender cuál es la satisfacción de estos acumuladores de mercancía que ni en toda una vida alcanzarían a consumir.

Algo similar (me parece) sucede en la Internet. Hacemos acopio de información que, contrario a la mercancía física, entra en nuestras vidas para desencadenar una serie de estados anímicos desde el placer de ensoñación, hasta el dolor más desgarrador. Cuando entramos al mundo de la información con un objetivo en mente, es más difícil que nos perdamos, pero si nada más lo hacemos por entretenimiento, sin un propósito específico, podemos dejarnos llevar por contenidos no siempre sanos.

Es frente a esa hiperinformación, cuando comenzamos a parecernos a los coleccionistas de cupones. Evaluemos cuánto podrá mejorar el planeta cada vez que damos click.
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