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Querida Ana
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04 Julio 2019 04:00:00
Querida Ana
QUERIDA ANA:

Una amiga me preguntó si estaría bien casarse con un hombre que estuvo muy enamorado y fue sumamente dedicado a su difunda primera esposa y yo le dije que no y le expliqué mis razones. Entonces me propuse escribirte para contarte lo que me pasó, para que si alguien está en esa posición, piense bien lo que va a hacer.

Seis años después de enviudar, conocí a ese hombre que había perdido a su esposa tres años antes. Todavía estaba afligido, me compadecí y lo escuché con toda paciencia mientras me contaba con detalles acerca de lo extraordinaria que fue y todos los buenos momentos que compartieron antes de que ella enfermara y falleciera. Me dijo que se sentía muy bien a mi lado y que quería que estuviera junto a él para toda la vida, porque pensó que nunca más experimentaría ese sentimiento. Y nos casamos.

Las cosas continuaron igual. Él seguía hablando incansablemente de su primera esposa y continuó, aun cuando le dije que quería vivir en el presente y hacer este nuestro momento. Nunca pudo dejar atrás el pasado. Y para mí sí cambiaron las cosas. Mis sentimientos hacia él ya no fueron los mismos o siempre me sentí en segundo lugar. Nunca comprendió lo difícil que fue para mí cuando él hablaba, tanto conmigo como con amigos, con tanto entusiasmo de su difunta esposa como si todavía estuviera viva… Nos separamos.

Si alguna de las mujeres que leen esta carta quiere un esposo amoroso y dedicado, más vale que se vaya olvidando de ese caballero que visita tan a menudo la tumba de su esposa. Seguramente muchas segundas esposas han tenido que tragarse lo mismo que yo. Espero que mi carta les haga saber que no están solas, que somos muchas las que están o hemos estado en las mismas condiciones.

Te felicito mucho por tu estupenda columna y te doy las gracias por atenderme.

SEGUNDA

QUERIDA SEGUNDA:

Muy posiblemente existen muchas mujeres en igualdad de circunstancias. Lamento lo que te sucedió. Pero creo que por fortuna saliste de esa trampa a muy buen tiempo. Pero lo que sí es sorprendente es que a muchos hombres les suceda lo mismo.

ANA
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