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Querida Ana
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06 Julio 2019 02:04:00
Querida Ana
QUERIDA ANA:

Leí, sin recordar la fecha, una carta que usted respondía a una persona, en la cual le decía que se reconciliara con quien había tenido problemas y con la cual no había hablado ni visto durante muchos años. Usted le decía que la vida se pasa volando y perdemos mucho tiempo teniendo rencores que no nos llevan a nada y la frase que utilizó me llegó bastante fuerte. Usted le dijo: “Es tan corta la vida y son tan largos los rencores”. Tiene usted mucha razón. Y recordando eso, quise escribirle para contarle lo que me pasó con un compañero de estudios.

Estudié una carrera en una universidad de Estados Unidos, y ese mi amigo y yo fuimos compañeros de cuarto. Él y yo teníamos muchos intereses en común, sin embargo, después de mucho tiempo de ser amigos y llevarnos muy bien, peleamos un día sobre un motivo que ahora me parece totalmente sin importancia y él me hizo algunas bromas pesadas y después de esa discusión no volvimos a vernos. Yo regresé a México y seguí con mi vida. Pero un día, 26 años después de haberme graduado y haberme regresado, recibí una llamada en mi casa y era mi amigo. Me pidió que lo perdonara, y yo respondí de inmediato: “Desde luego, yo también te pido que por favor me perdones. Conversamos un rato y le pedí que viniera a visitarme. Él aceptó con gusto y dos meses después vino con su esposa a pasar cinco días en esta ciudad. No nos separamos más que para dormir. Los invité a quedarse en mi casa y su esposa congenió muy bien con la mía.

De ahí en adelante fuimos de nuevo los mejores amigos. Nosotros también fuimos luego a Estados Unidos a visitarlos. Y él me dijo, cuando nos encontramos por primera vez, lo triste que era haber perdido tantos años debido a aquel enojo. Continuamos comunicándonos mucho y quedamos en volver a visitarnos, pero desgraciadamente no fue posible volver a encontrarnos. Él falleció el año pasado. Mi esposa y yo fuimos al funeral a acompañar a su esposa y ella se mostró muy agradecida. Yo lloré en la tumba de mi amigo, lamentando mucho haber perdido tan lamentablemente el tiempo en que no nos vimos.

Ana, no importa lo herido o lastimado que pueda sentirse cualquiera de las partes, ya sea con justicia o sin ella, entre más pronto se contenten, mejor será. La vida es tan preciosa y la verdadera amistad tan escasa, que hasta un solo día es demasiado tiempo para perder.

Muchas gracias por todos los consejos tan acertados y verdaderos que nos da. En mi casa leemos siempre su columna. Siga adelante.

PERDÓN Y RECONCILIACIÓN

QUERIDO PERDON Y RECONCILIACIÓN:

Gracias mil por su hermosa carta. Lo felicito por haber recobrado a su querido amigo y haber disfrutado, aunque no fue posible que por mucho tiempo, de su compañía y su valiosa amistad. Y lamento que partiera tan pronto, pero por fortuna hubo la oportunidad de verse de nuevo y con mucho cariño.

Reitero mi mensaje de amor y reconciliación a todos mis lectores. Recordemos siempre la frase: “Es tan corta la vida y tan largos los rencores…” Y como dice usted: “Hasta un solo día es demasiado tiempo para perder”.

ANA
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