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Querida Ana
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09 Julio 2019 04:04:00
Querida Ana
QUERIDA ANA:

Muchas personas leen sus cartas, todos lo sabemos. Por eso no se me ocurre una mejor manera de difundir una advertencia, si me permite que le ruegue publique mi carta. Muchísimas gracias por su espacio y por su tiempo.

Hace un año tuvimos un niño hermoso, era nuestro tercer hijo después de dos niñas. Le pusimos por nombre Ángel. Cuando el niño tenía ocho meses le compré un osito de peluche pequeñito, como de unos 25 centímetros. La verdad jamás se me ocurrió (ni a nadie más), que un juguetito tan bonito, tan pequeño y tan suave, pudiera ser tan mortífero.

Durante una noche, mi Ángel le quitó el lazo de listón que llevaba el oso alrededor del cuello, que medía aproximadamente 20 centímetros de largo por uno o uno y medio de ancho. El niño se lo puso en la boquita y se ahogó, se asfixió. No pudo gritar ni llamar la atención porque el listón se le atoró en su garganta. Cuando fui en la mañana con su biberón para dárselo, lo encontré asfixiado. Quise volverme loca. Fue algo terrible, la más terrible de las impresiones y penas que se pueden tener.

Nuestros esfuerzos por lograr una sanción para los juguetes peligrosos con diversas instancias y autoridades, fueron infructuosos. Evidentemente es costoso luchar contra las leyes de fabricación y los grandes intereses. El oso era importado y por lo tanto era uno de los millones de artículos que se importan y se venden. Nos aflige pensar que se lucha tanto contra el aborto, y se trata de proteger tanto a los niños y no se piensa en regular la peligrosidad de los juguetes.

Le ruego que advierta a sus lectores de su responsabilidad en verificar todos los juguetes que compren a sus niños, y también de los que les regalen. El pediatra de mis hijas y nuestros parientes y amigos, se sorprendieron de que pudiera ocurrir algo tan terrible. Desde entonces ellos advierten de ese peligro a todos los que tienen niños pequeños.

Tenemos la esperanza de que usted pueda ayudar a transmitir esta alerta a tantas personas como sea posible, porque aunque no sea un problema común, un solo niño que pudiera sufrir algo parecido, es demasiado para que muera de esa manera sin sentido. Jamás podremos reemplazar a nuestro adorado hijito, pero si mi carta puede impedir que esta u otras tragedias vuelvan a suceder –sentiremos– que mi pequeño Ángel no murió en vano y desde allá arriba manda sus bendiciones.

TRISTEZA ETERNA


QUERIDA TRISTEZA ETERNA:

Gracias por tu generosa “alerta” a otros padres relatando el trágico accidente que costó la vida a tu amado Ángel. Yo había escuchado sobre ojos y narices que vienen cosidos o pegados al cuerpo de animales de juguete y que al soltarse representan un peligro para los niños o bebés, pero ¿quién iba a pensar que un pequeño listón podría matar a un bebé? Un oportuno recordatorio en tu carta para que los padres examinen los juguetes que dan a sus niños o bebés, para detectar cualquier cosa que pueda soltarse y obstruir la garganta o lastimar un ojo o rasgar su piel.

Recibe mis muy sentidas condolencias por la muerte de tu hijito y por favor no olvides que Dios siempre nos da la fortaleza suficiente para poder enfrentar las penas.

ANA
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