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Querida Ana
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09 Febrero 2019 04:00:00
Querida Sabrina
Mi esposo, con quien he estado casada cuatro años, se ha vuelto egoísta y dominante. Aún no tenemos hijos, por eso hace dos años decidí terminar mi carrera que había dejado trunca para casarme. Al graduarme, con la ayuda de un amigo bien posicionado, logré un buen puesto en una empresa y me ha ido muy bien, gracias a Dios. He tenido mucho éxito en mi trabajo, mis jefes me han reconocido y he recibido felicitaciones por asuntos que he resuelto satisfactoriamente.

Todo esto ha hecho que mi esposo se ponga celoso y me reproche que trabaje, que esté rodeada de hombres, que tenga que salir diariamente, que me arregle, que me compre ropa, que haya comprado un automóvil a crédito, que no esté en casa gran parte del día. En fin, me reprocha todo. Yo no he fallado como esposa ni ama de casa. Me hago responsable de todo. Tengo quien me ayude en casa, pero me ocupo personalmente de que no falte nada, esté todo limpio y ordenado, que la comida sea saludable y bien hecha, que la ropa esté limpia y arreglada. En fin, que en casa no falla nada. ¿Es justo lo que me reprocha? Siento que está celoso porque gano más que él y me felicitan por mi trabajo. ¿No debiera estar feliz porque me va bien?

Amo a mi esposo y no deseo que se enoje y vaya a querer que nos separemos. Por nada del mundo quiero que eso suceda. ¿Qué le digo para que se dé cuenta de que está equivocado y sólo quiero que seamos felices y forjemos un patrimonio para los dos y los hijos que Dios quiera darnos? Gracias por su ayuda y la felicito por la ayuda que da tan desinteresadamente y de corazón con sus consejos.

Sabrina

Querida sabrina:

Creo que tu esposo debiera estar feliz con tus éxitos en lugar de molestarse y estar celoso. Mi respuesta va dirigida a él. Espero que quiera leerla.

Todos sabemos qué significa amar y ser amados. Pero resulta bueno hablar del amor desinteresado. Cuando el desarrollo, la satisfacción y seguridad de otra persona se vuelven tan significativos como si se tratara de nosotros mismos, entonces el verdadero amor existe. En teoría, el amor implica una actitud básica de preocupación por otra persona. En la práctica, el amor significa que estamos dispuestos a abandonar nuestra propia conveniencia por la satisfacción de otra persona. La mayoría de la gente identifica el amor con un sentimiento y emoción. Se enamoran y se olvidan con suma facilidad. La llama del amor se extingue de sus vidas hasta que se enciende una nueva. Los sentimientos y las emociones son volubles y por ende el amor tiene que ser algo más que eso. Claro que los sentimientos están asociados al amor, pues la primera atracción se experimenta en término de fuertes sentimientos. Y lógico es que, a menos que seamos masoquistas, necesitamos cultivar una relación para poder poner la conveniencia y seguridad de otra persona por encima de la propia.

Sin embargo, en el curso de una relación amorosa, siempre tendremos que experimentar un invierno ocasional emocional de descontento para encontrar luego una renovación en el amor, a medida que el oropel del amor joven es pulido por el tiempo y se convierte en el oro valioso de la edad madura. Habrá tiempos en los cuales la satisfacción emocional estará ausente, pero en general, el crecimiento en el amor supone y necesita un buen clima emocional. Así pues, no podemos identificar el amor con un sentimiento. El amor más que todo es una manera de vivir, de ver la vida al lado de alguien que se vuelve tan importante como uno mismo. El amor es la verdadera liberación humana y especialmente, liberación de la soledad y el egoísmo. Finalmente envío un mensaje que espero no olviden tú, Sabrina, y tu esposo: el amor es como la luna: cuando no crece es que mengua.




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