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Jorge Zepeda Patterson
Jorge Zepeda Patterson
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30 Junio 2013 04:06:27
¿Quién puede salvar al PAN?
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¿Margarita Zavala, Diego Fernández, Felipe Calderón, Luis H. Álvarez? ¿Quién puede poner orden o, al menos, convocar a la cordura en este pleito de verduleros en el que se ha convertido el PAN? Sin duda, el blanquiazul vive la experiencia más traumática de su historia. Escisiones y pleitos los ha tenido siempre, pero hasta ahora las grandes confrontaciones habían sido de orden ideológico o doctrinario. Diferencias sobre la cercanía con el PRI Gobierno, incorporación o no de empresarios de manera masiva, etc.

Pero el pleito actual se origina en pasiones mucho más mundanas y vergonzantes: el control de los dineros y las posiciones de poder. A diferencia de los conflictos del pasado, la rebatinga de los últimos días por los recursos ha trascendido a la opinión pública y exhibido a un partido que había hecho del discurso moral su bandera durante más de sesenta años. Ahora se desgañitan por los 200 millones que controla el coordinador de la fracción en el Senado. Nunca una disputa al interior del PAN había acarreado tal desprestigio entre el resto de la sociedad mexicana.

Alguien podrÍa decir que estas luchas fratricidas son resultado natural de la experiencia dolorosa de haber llegado al poder y luego perderlo. Y en efecto, hay derrotas que producen consecuencias devastadoras en los seres humanos. Pero a mi juicio, hay otros ingredientes que provocan esta tragedia panista. Después de todo, nada puede compararse a la expulsión de Los Pinos que experimentó el PRI en el 2000, luego de casi ocho décadas en el poder. Y sin embargo, en aquella ocasión el PRI no ofreció tan lamentable espectáculo.

Desde mi perspectiva, el verdadero responsable de la crisis que vive el PAN tiene nombre y apellido: Felipe Calderón. El principio y el final de este vía crucis se origina en el ego de este hombre cargado de fobias y filias. Primero, porque desde Los Pinos boicoteó la autonomía de su partido e intentó convertirlo en una extensión de su oficina, de la misma manera que lo había hecho el PRI durante décadas. La militancia honesta por las candidaturas y la circulación de ideas que habían caracterizado al partido, acusaron el golpe de los manotazos presidenciales para imponer dirigentes del partido y candidatos, y para marginar a sus enemigos. La cultura política que había caracterizado al PAN durante décadas se hizo trizas a lo largo de un sexenio.

Pero el segundo punto me parece aún más relevante. Calderón creí que su sobrevivencia como ex presidente (y quedar blindado frente a futuros juicios políticos) pasaba por mantener su influencia. Calderón creí que al controlar a los senadores y los diputados de su partido, se convertiría en el verdadero interlocutor de Peña Nieto. Es decir, en el hombre que decidiría el voto blanquiazul a favor o en contra de las reformas constitucionales del nuevo mandatario priísta. Y sin duda, eso lo habría convertido en uno de los miembros más poderosos de la clase política, aun residiendo en Harvard. Aunque infame, su cálculo político no andaba errado. Los 23 senadores que controla Cordero a los que se suman un número importante de diputados, son aritméticamente indispensables para cubrir la cuota de votos que requieren las reformas constitucionales.

El problema para Felipe es que el resto de los panistas no se iba a quedar de brazos cruzados. En una especie de conglomerado TUCOC (Todos Unidos Contra Calderón), ex gobernadores, yunquistas, sectores tradicionales como el del propio Madero, radicales como Javier Corral, hicieron una extraña amalgama para sacudirse el pretendido cacicazgo de Felipe Calderón. Desde luego la inconsistente amalgama no ha resistido ni quince minutos, lo cual ha permitido el contraataque de los calderonistas. Y es que el ex presidente se aseguró de colocar a sus alfiles en posiciones de poder (legislativo, mayormente; pero también “simpatizantes” en organismos como la Suprema Corte, el IFAI, las embajadas, Trife e IFE, entre otras muchas).

Imposible saber en qué terminarÍa todo esto. Josefina Vázquez Mota, Luis H. Álvarez y hasta el propio Diego Fernández de Cevallos han exhortado a sus compañeros a buscar una salida pacífica y honrosa, y anteponer los intereses del partido a los intereses de fracción. Pero muy poco podrán lograr, mientras no resuelvan el tema de fondo: A ¿qué hacer con Felipe Calderón?
http://www.jorgezepeda.net
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