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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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27 Abril 2019 03:25:00
¿Quién te patrocina?
“¿Quién hablará por mí? Supe en ese momento que alguien en alguna reunión a puertas cerradas tendría que presentarme de forma favorable a mis intereses”.

Parte de una extraordinaria charla de TED de Carla Harris, que le recomiendo vea en nuestros sitios. Tema ideal ahora que el Día del Trabajo está a la vuelta de la esquina.

La directiva de Morgan Stanley reseña una junta donde se dio cuenta cómo se tomaban las decisiones para otorgar los bonos de fin de año en esta importante casa de bolsa. Y lo que encontró la sorprendió.

No sólo contaba el proceso analítico detallado, sino que entraba también en juego algo mucho más informal. Había 3 clasificaciones: estrellas (grandes bonos), promedio y deficientes (puesto en riesgo).

Cuenta que alguien presentaba al candidato(a) y antes de terminar alguien lo interrumpía para decir: “Parece que Juan es una estrella... o promedio... o es un desastre”. Y ya, así se quedaba.

A Harris le cayó el veinte un par de años después: “Esa persona que hablará por ti, que te defenderá, es tu patrocinador”.

Exacto. Lo más retador del asunto es que estas conversaciones se van a dar entre personas de autoridad a puertas cerradas y siempre habrá elementos subjetivos. Usted, yo o el que sea no estará ahí. Por eso hay que buscar y tener patrocinadores.

¿Cómo conseguirlos? Para contestar, Harris argumenta que hay que recordar que existen dos tipos de monedas de cambio válidas en cualquier organización: el desempeño y las relaciones.

“La moneda del desempeño la acumulas al dar los resultados esperados... y un poco más”, explica.

Es la moneda más común y es valiosa para cualquiera por 3 razones: hace que destaques (creando así una reputación favorable), lleva a promociones en etapas tempranas de una carrera y, claro, atrae a patrocinadores.

“¿Y por qué el desempeño los atrae? Porque a todos les gusta una estrella”, concluye Harris. Pues sí: el éxito es magnético.

De la otra moneda de cambio se habla poco, pero es igual de importante. Advierte la banquera: no puedes pedirle a alguien que te apoye con su influencia si nunca has interactuado con él o ella.

Por eso recomienda invertir tiempo en conectar, conocer y trabajar con la mayor cantidad de personas en la organización. No se puede crear una mayor red siendo un total desconocido(a).

Una observación personal sobre las relaciones: son un factor muy relevante para acumular poder organizacional. Y el poder es tan importante como el desempeño, sobre todo al avanzar en una carrera.

De acuerdo al profesor de Stanford y autor Jeffrey Pfeffer, el poder se puede acumular metódicamente y para ello recomienda:

* Tener una excelente relación con el jefe (vital, recuérdelo).

* Desarrollar un network. Tip: para crecerlo, ofrezca ayuda. Esto cimienta relaciones.

* Lograr que el trabajo se note. Un buen desempeño sólo importa si es visible.

* No tener miedo de sobresalir y a romper ciertas reglas (con mesura, agrego yo).

* Ser popular no es tan importante. Pero OJO, los poderosos casi siempre son populares.

* Controlar presupuesto y recursos es signo de poder.

* Las tareas pequeñas e importantes son relevantes. Es bueno identificarlas y apropiárselas.

* Actuar y hablar como si se tiene poder. La autoridad es 20% otorgada, 80 % apropiada.

* Construir una reputación. La percepción es realidad.

Oro molido, apúntelas. Regreso a Harris, que advierte que un buen patrocinador cumple 3 requisitos: tiene un lugar en la mesa donde se toman decisiones, conoce el trabajo del patrocinado y posee poder.

¿Cómo conseguirlo? Preguntando. Claro, tras haber cumplido la tarea. ¿Y si dice que no?

Puede ser por 3 razones: no conoce su trabajo suficientemente, no cree tener el poder para influir o simplemente no quiere hacerlo.

En cualquier caso, ante un “no” habrá que seguir buscando. “Tener un patrocinador es vital. Puedes sobrevivir sin un mentor, pero no avanzarás sin un patrocinador”, advierte Harris.

Totalmente de acuerdo. Es una ventaja clave. ¿Ya tiene el suyo?

Posdata. La verdad no peca, pero incomoda. Incomoda al ocurrente, al improvisado, al infalible. Al populista. Incomoda a ya sabes quién.

En pocas palabras...

“Tu voz es el corazón de tu poder. Úsala”.

Carla Harris, banquera

estadunidense.
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