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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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21 Diciembre 2019 04:00:00
Recuerdos de Navidad
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No hay duda de que el ser humano vive de recuerdos. Recuerdos que se conservan en la mente, pero ante todo en el corazón de cada persona.

Los más bellos momentos vividos en nuestra infancia formarán parte de nuestra propia historia. La alegría con la que compartimos juegos con nuestros amiguitos y primos. Las tradiciones con las que crecimos forman parte de riqueza espiritual que cada uno de nosotros revive en cada acontecimiento familiar.

Me encanta la Navidad por todo lo que trae consigo. Revivir un acontecimiento maravilloso para la humanidad: El nacimiento del Niño Jesús, que es el verdadero significado de las fiestas decembrinas.

Reuniones en familia, con amigos, compartir recuerdos ¡Qué bello es! De pronto nos damos cuenta que ha transcurrido el tiempo más rápido de lo que hubiéramos deseado. Que si bien parte de nuestra niñez, los momentos más dichosos quedaron encapsulados en la memoria, hay un tiempo para revivir los recuerdos y compartirlos.

Precisamente hoy he querido compartir con ustedes parte de mis recuerdos. De una niñez ya lejana pero siempre presente en mi mente y en mi corazón.

Los preparativos en casa para la cena navideña era todo un acontecimiento, desde colocar el árbol, iluminar puertas y ventanas, colocar guirnaldas, coronas, en fin, todos los adornos propios de esa festividad.

Pedíamos posada en las casas con la famosa “rama” en Veracruz, llamada así porque era eso, una simple rama que los mayores cortaban de un pino y los niños la decorábamos con esferas, cadenas elaboradas con papel de china de colores. Era todo un acontecimiento vestirla. ¡Cómo nos divertíamos! Todos los primos o amiguitos que íbamos a participar ayudábamos a que luciera lo mejor posible. Lo más maravilloso era la convivencia, además de que nos mantenían ocupados y entretenidos.

Elaborábamos nuestras propias sonajas, instrumentos que utilizábamos a la hora de interpretar los cantos.

Previamente reuníamos corcholatas. Acudíamos a la tienda del barrio donde recogíamos las fichas que caían en un contenedor, cuando el cliente destapaba su refresco. A esas fichas, ya aplanadas, se les hacía un agujero en el centro para colocarlas en un alambre. ¡Listo! El instrumento nos acompañaba durante los días que salíamos a cantarle a los vecinos, quienes generosos depositaban algunas monedas en un botecito que nos servía de alcancía.

¿Cuánto se reunía? No lo recuerdo, porque en realidad no importaba el dinero sino la diversión, vivir las tradiciones, compartir la alegría de una fecha tan importante. En realidad, mis amigos y yo disfrutábamos muchísimo. Aunque le diré, que sí había personitas molestas porque no recibían nada y cantaban alguna estrofa grosera como reclamo.

La cena de Navidad era todo un acontecimiento familiar. La oportunidad de reunirnos con los abuelos, tíos, primos, amigos, para compartir y disfrutar bellos momentos. Había piñatas en forma de estrella con siete picos que representan los 7 pecados capitales, que eran elaboradas por las mamás, con gran entusiasmo para los niños. Un jarro de barro era forrado con tiras de papel de china de colores y en su interior colocaban gran cantidad de dulces y fruta. La algarabía y los gritos se escuchaban cuando se quebraba el jarro y caía el contenido al suelo.

Alegría que manifestaban lo mismo chicos que grandes. Venía después el reparto de bolsitas con generosa dotación de colación.

A medianoche era arrullado el Niño Jesús y se acostaba en el portalito donde ya se encontraban sus padres José y María.

No se esperaba a Santa Claus, porque no se acostumbraba. Ese personaje gordo, vestido de rojo y barba blanca no forma parte de nuestras tradiciones. Los niños depositábamos la cartita en el árbol a Los Reyes Magos quienes eran esperados con júbilo el 6 de enero. ¡Claro! Quien se portaba bien, así nos decían.

¡Qué bonitos recuerdos! Hoy, todo eso lo revivimos en un momento de nuestra existencia con los hijos y más adelante con los nietos.

Seguimos disfrutando las reuniones, la algarabía y las risas de los pequeños y traemos a nuestra memoria tiempos idos.

No importa el tiempo transcurrido, lo que realmente importa es ser feliz y hacer felices a los demás, a nuestros seres queridos. Recordar a quienes fueron los pilares fuertes de nuestra familia, nuestros abuelos, nuestros padres. Ante todo, dar gracias a Dios por tanta dicha, por el tiempo que nos ha permitido vivir y disfrutar a quienes amamos.

Y si algo se me permite pedir, que sea salud, que no falte el trabajo a nadie y que seamos capaces de construir la paz. Feliz Navidad y mil bendiciones para todos.
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