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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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29 Septiembre 2018 04:00:00
Reglas de dedo
“Fija tu mirada en la torre. Si sube en el parabrisas, no llegarás a ella”.

Esta regla de dedo de Chesley “Sully” Sullenberger salvó 155 vidas al acuatizar en el río Hudson el avión que pilotaba en enero de 2009 tras perder potencia en ambos motores cuando golpeó una gran parvada de gansos canadienses (vea un video en nuestros sitios).

No había tiempo para cálculos o leer manuales. Shane Parrish (FarnmanStreet) reseña la anécdota de esta reglita salvadora, tal como la cuenta Gerd Gigerenzer en su libro: Sabiduría de Riesgo.

El profesor alemán, que lleva años estudiando la toma de decisiones, asegura en el sitio FoundingFuel (Ff) que en ciertas circunstancias las reglas de dedo (RdeD) funcionan mejor que los modelos complejos.

De acuerdo con Gigerenzer, la clave para usar una RdeD tiene que ver con la diferencia entre riesgo e incertidumbre. En el primero se conocen las alternativas, posibles resultados y las probabilidades, por lo que ahí funcionan bien modelos matemáticos complejos.

Pero la incertidumbre es “un animal” muy distinto. En un mundo dinámico e incierto, la intuición experta puede ser muy útil. “Instintos robustos desarrollados por años de experiencia”, explica Ff.

Un concepto similar al de Kathleen Eisenhardt y Donald Sull, profesores de Stanford y MIT. Los autores del libro Reglas simples: cómo destacar en un mundo complejo afirman que la simplicidad funciona mejor cuando se requiere actuar rápidamente.

“Muchos ladrones tienen una regla que reduce la posibilidad de arresto: no robar en casas con carros en la cochera. O bien, los jugadores de futbol americano de Stanford tienen una regla para su dieta: estar siempre hidratados y comer lo que se quiera de cualquier cosa que pueda sembrarse o matarse”, explican en el HBR.

De acuerdo con los catedráticos, las reglas simples deben cumplir cuatro condiciones: ser pocas, específicas a la persona u organización, aplicables a actividades bien definidas y flexibles.

En general, las reglas simples sirven para tomar mejores decisiones y hacer mejor algo. Respecto a decidir: fijan límites de acción, ayudan a jerarquizar y establecen puntos donde parar.

Le comparto un ejemplo escalofriante. La tragedia en el Everest qué sirvió de base del excelente libro Into thin air fue provocada al ignorar una regla de Scott Fischer, el líder de la expedición.

Una regla muuuy simple: si no alcanzas la cima para las 2 pm, regresa al campo base. Porque si no, el regreso será de noche y de alto riesgo. Tras sufrir imprevistos, Fischer y su grupo la ignoraron: llegaron a la cima a las 3:45 pm. ¿El resultado? 8 muertos, incluyendo Fischer, cuyo cuerpo aún está en el Everest.

El segundo tipo de reglas simples son de proceso: “ayudan a ejecutar tareas, a coordinar equipos y a ejecutar en el momento adecuado”, señalan los catedráticos.

Muy interesante. Creo que la clave para una buena regla de dedo es que realmente provenga de la experiencia. Y de una que tenga resultados variaditos: positivos y negativos. A fin de cuentas cuando se gana y cuando se pierde es cuando más se aprende.

Entonces, las RdeD pueden ser muy útiles, pero hay que saber usarlas. Porque es bien fácil confundir experiencia con arrogancia.

El Premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman, asegura que hay condiciones cuando es normal confiar en la intuición, por ejemplo, ante la urgencia. Pero siempre hay que cuestionarla con datos.

“El exceso de confianza es fuente poderosa de ilusiones determinadas por la calidad y coherencia de la historia construida, y no por la validez de la misma”, señala en un artículo de McKinsey.

El líder tiene demasiada confianza por sus éxitos pasados. “Pero éstos se dieron de decisiones que cualquiera hubiera tomado”, advierte.

¿Sabe qué? Hasta Gigerenzer recomienda un balance.

“Sully y su copiloto usaron una RdeD para decidir que no podrían regresar volando al aeropuerto. Pero ya habiendo aceptado esto, utilizaron un checklist detallado, exactamente lo opuesto”, concluye.

Exacto. Ni muy muy ni tan tan. ¿Cómo la ve?

En pocas palabras. “La simplicidad no va antes de complejidad, sino después”. Alan Perlis, científico norteamericano
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