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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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13 Noviembre 2018 04:00:00
Reinventando la izquierda
La izquierda en pleno arranque del siglo 21 se terminó. El rojo con el que se matizaba la aldea global ha cambiado cada día por una tonalidad azul.

Los Partidos Políticos –México no es la excepción– pierden sus principios y los que se decían de “centro-izquierda” ya no son lo que en papel se suscribe. Las líneas divisorias de ideologías se han perdido por un gran monstruo que lleva por nombre NEOLIBERALISMO.

En América Latina, el último latigazo ha sido la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil. El país más grande de América Latina estará gobernado por un nostálgico de la dictadura militar, que una semana antes de su triunfo prometió “barrer a todo lo que huela a izquierda” a los que les ofreció dos salidas: cárcel o exilio. Chile ha virado nuevamente a la derecha y en Colombia se ha logrado frenar rotundamente a los pensamientos progresistas.

Por otro lado, en nada abonan las izquierdas autoritarias de Venezuela y Nicaragua y solo sirven como caldo de cultivo para la incertidumbre y el miedo. Es de reconocer que la izquierda que en su momento llegó a gobernar, oscilaba cual péndulo desde el frente amplio de Uruguay hasta el extremo más autoritario de Hugo Chávez en Venezuela.

Ante la victoria de Bolsonaro, el expresidente uruguayo replicó: “hay que aprender de los errores cometidos y volver a empezar. Tampoco creer que cuando vencemos tocamos el cielo con la mano y hemos llegado a un mundo maravilloso. Apenas hemos subido un escalón. No hay derrota definitiva ni triunfo definitivo”…

Se ve con una nostalgia quizá hasta platónica, como en su momento la izquierda aglutinó –lo que no hacen los actuales gobiernos conservadores– en organismos de integración como la Unión de Naciones Surámericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) o la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (Alba).

Hoy, pinta diferente. El gran error de la izquierda fue que no supo administrar el éxito, mucho menos consolidarlo; el discurso con el que se desmarcaban de las clases políticas tradicionales, para llegar al poder y de la oligarquía, se les volteó. Otro error a considerar fue no construir instituciones sólidas. En muchos de sus casos, se lograron los objetivos que se plantearon, pero no cambiaron las formas, y ciertamente las formas importan e importan mucho. La clase política terminó por olvidar los fines, porque los medios para alcanzarlos eran los mismos.

Las pasadas elecciones en México dejaron mucho que desear, sobre todo para la que se dice izquierda aquí. La victoria del presidente electo no se debe a su credo o a un renacer de la izquierda, sino más bien a lo dicho por el propio AMLO: “la mejor política exterior es una buena política interna”.

Definitivamente la izquierda presta sus armas y esperanza a las mujeres como Verónica Mendoza en el Perú, Beatriz Sánchez en Chile o Manuela
d’ Ávila en Brasil.
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