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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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02 Septiembre 2020 04:09:00
¿Rendirnos por hartazgo?
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Probablemente usted escuche, y cada vez con mayor frecuencia, expresiones de hartazgo en su círculo cercano. Que ya no aguantan el cubrebocas, la sana distancia y el encierro; que ya no toleran el temor a ser contagiados o llegar a contagiar a seres queridos; que pesan, y mucho, las condiciones de vida de la “nueva normalidad” y, lo más riesgoso de todo, que ya no quieren saber nada de este maldito virus.

Grave error. La lógica de sobrevivencia que impone la pandemia nos obliga a saber, o al menos intentar saber exactamente dónde estamos parados; acceder a la mayor cantidad posible de información para evaluar, con certeza, el nivel de riesgo que enfrentamos en las calles, en los negocios e incluso en los espacios laborales.

Y hay que tener cuidado con los mensajes que recibimos de las autoridades. Hay que aprender a justipreciarlos.

Si bien para el Gobierno federal en el país entero bajó el nivel de riesgo y la mayoría de los estados transitan en semáforo naranja, y para el Gobierno estatal es claro que el número de contagios y decesos está disminuyendo, en Saltillo la situación es otra y francamente grave.

Agosto fue un mes terrible, y no exagero. Vamos a las cifras oficiales: desde que inició la contingencia sanitaria, hace seis meses, Saltillo registraba al 31 de agosto 3 mil 854 contagios confirmados; de estos, 2 mil 352 corresponden al mes que recién termina, la gran mayoría. Y en cuanto a decesos, pues el virus mató a 196 saltillenses, lo que quiere decir que, del gran total acumulado hasta el lunes de 292, dos terceras partes ocurrieron en agosto. Así de grave.

Y, por si fuera poco, septiembre entrega su tarjeta de presentación en un tono francamente agresivo: 102 contagios confirmados y 10 decesos el martes.

Así que lo exhorto a no rendirse por hartazgo. Hay que entender que solo si masivamente los saltillenses mantenemos el esfuerzo de aplicar con rigor las medidas de autorprotección saldremos de esta etapa relativamente pronto. De lo contrario, si cedemos, si bajamos la guardia y prevalecen las conductas indolentes y hasta irresponsables, estaremos prolongando esta suerte de agonía.

Queda en nosotros cuántas semanas más estaremos, aquí, en Saltillo, verdaderamente en peligro.























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