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Armando Luna Canales
Armando Luna Canales
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19 Abril 2020 04:05:00
República de Río Grande
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En 1838 inició en el norte mexicano un fugaz intento de secesión que comprendía los estados de Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y una franja del actual territorio de Texas. Este movimiento opositor a Santa Ana se concretó el 7 de enero de 1840 al proclamar la independencia de la República de Río Bravo. Este intento de nación culminó con la derrota militar de su caudillo Antonio Canales a finales de 1840.

Los intentos de secesión son una constante en la historia de las naciones. Muy fresco está el último episodio en Cataluña. Añejo conflicto que pasó por el bombardeo y conquista de Barcelona al final de las guerras carlistas durante el siglo 18, por la protesta del cierre de cajas derivado de un aumento desigual de impuestos entre provincias durante el siglo 19  y ya en la época reciente por la anulación del estatuto autonómico catalán, la declaración de independencia y el reprimido referéndum.

Igual fenómeno independentista se presenta regularmente en forma pacífica en Quebec y en forma violenta en las regiones del Cáucaso. Pero el factor común es que siempre en una nación habrá quien quiera no estar. Milan Kundera lo describe a la perfección en “la insoportable levedad del ser”, ante la propuesta de Tereza para mudarse a la campiña, Tomás responde que aquel que quiere dejar el sitio donde vive, no es feliz.

Además de la República de Río Bravo, la historia mexicana da cuenta de otros episodios secesionistas, Centro América, Yucatán, Chiapas son muestra de ello. Esta situación cobra especial relevancia ante la postura de contraste que existen entre autoridades locales y la política impulsada por el movimiento de la cuarta transformación. Los gobernadores no hacen más que hacer visible la enorme injusticia financiera del pacto fiscal mexicano hacia los estados del norte. Llama la atención la postura del Gobernador de Jalisco y no sorprende la del de Oaxaca.

El pacto fiscal mexicano es como el juego de la perinola. Cada año a quienes más aportan les toca “todos ponen” y a los que nada aportan a la nación les toca el “toma todo”. La nación mexicana se fundó sobre la idea de defensa en común, comercio justo y equitativo y la promesa de un futuro próspero, donde todos aportaran. En realidad no ha sido así, mientras unos ponen todo otros toman todo.

Ante esta injusticia se explica el descontento, que no es distinto al que surge en Cataluña, donde ya el 50 porciento de la población se pronuncia a favor de la independencia. No cambiar las reglas de distribución de los recursos no sacará a los estados rezagados del subdesarrollo, pero si va a eliminar la competitividad de los que aportan. Esta formula no es justa y genera descontento.

Dice en esa misma obra Kundera que los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también. Seguir por esta ruta es generar un mayor descontento y abrir el camino a quienes quieres revivir la República de Río Grande.

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