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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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15 Agosto 2020 03:55:00
Resolver problemas
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“Sí, pero eso no es lo correcto. Lo correcto sería tener un solo criterio”.

Así le repetían compañeros de trabajo a un amigo ante su insistencia de aplicar un “parche” a un problema de esos “chinga quedito”.

La bronca, relacionada con sinergias.

Esa palabrita que se dice mucho más fácil de lo que se ejecuta. Lograr que 2+2 sea 5 suena súper atractivo. Ah, pero lograrlo provoca muchas veces constantes y fuertes dolores de cabeza.

Sobre todo porque en la era de la disrupción muchas veces la sinergia termina siendo un sinónimo de recorte de costos. De literalmente lograr más con menos. Tal cual como aplicaba en este caso.

Quizá te suene familiar la historia.

El departamento “A” localizado en la Ciudad de México le produce algo al departamento “B” que tiene base en Monterrey.

Cualquiera que tenga operaciones en ambas ciudades entenderá perfectamente de lo que hablo. Son mundos muuuy distintos en todo: estilo, cultura, lenguaje, forma y nivel de debate, etc.

Para no hacer el cuento largo, un detalle que funciona en la “capirucha” como que no agrada mucho en la tierra del cabrito.

El cambio que se tiene que hacer es minúsculo y sencillo de implementar. El departamento “A” la tiene fácil. Puede ajustar el producto que prepara todos los días para los norteños.

Pero no...

Quizá se le olvida, quizá le vale un cacahuate, quizá piense “estos regios necios”. El punto es que corrigen unos días y luego vuelven a las andadas. Los clientes en Monterrey lo notan y se quejan.

No es algo grave, pero sí molesto. ¿Por qué no nos hacen caso?

Alguien tiene la forma de resolver el problema: el director. Conoce del caso, pero no quiere usar su autoridad para solucionar algo tan pequeño. “Que lo arreglen ellos”, seguramente piensa.

¿La sugerencia de mi cuate? El famoso parche: evaluar la factibilidad de realizar un ajuste local de última hora para corregir el problemita.

Si no lo hacen allá, ¿se puede hacer aquí?

Y ahí el atorón conceptual. “Así no debería ser”.

En el fondo un argumento válido.

Lo ideal es corregir de raíz. Lo ideal es un criterio único.

Pero, primero, lo bueno es enemigo de lo perfecto.

Y, segundo, una de las habilidades más relevantes que debe poseer un líder es la capacidad de encontrar soluciones a problemas.

La vida de cualquier organización estará llena de los mismos. Hombre, algunos hasta piensan que la vida es una eterna solución de broncas. Por ejemplo, el autor Mark Manson (relee El Arte de Que te Valga Madre) afirma lo siguiente sobre los problemas:

a) No hay que desear una vida sin problemas, sino una con aquellos que podamos resolver.

b) La felicidad se obtiene resolviendo problemas, no evitándolos.

c) Nosotros elegimos cómo nos afectan los problemas.

d) Hay que asumirlos y atacarlos. De ahí surge el aprendizaje.

100% de acuerdo. Y el líder destaca por desmenuzar, analizar y encontrar soluciones a los retos que siempre existen en el camino.

Te propongo que en esta carrera de obstáculos es clave identificar aquellos problemas a los que vale la pena dedicarles tiempo.

Parafraseando a Jeff Bezos cuando escribió sobre los dos tipos de decisiones en su carta a los accionistas de Amazon del 2016.

Así como hay dos tipos de decisiones (las que deben tomarse rápido y entre pocos y aquellas donde muchos deben tomarse tiempo para realizarlas), también hay dos tipos de problemas.

Los de fácil solución y los peliagudos. Un buen líder los identifica y actúa en consecuencia.

Para los problemas tipo I, un parche funciona perfectamente. Ni le pienses. Encuéntralo y aplícalo. Lo más rápido posible.

Esto liberará tiempo, energía y talento para dedicarlo a solucionar los problemas tipo II, aquellos que amenazan a tu organización.

Curitas para los raspones y tratamientos bien diseñados y ejecutados para enfermedades graves.

¡Hay que mantener sano al paciente!

En pocas palabras...

“La primera riqueza es tu salud”.

Ralph Waldo Emerson, escritor estadunidense.

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