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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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30 Mayo 2011 03:00:26
Revelaciones del diablo, durante los exorcismos
[I de 5] En los casos de posesiones ciertas y reales, el demonio suele expresarse de muchas maneras, durante el exorcismo. Algunas de sus expresiones, frecuentemente, las repite y, directa o indirectamente, confirman plenamente la veracidad de la fe cristiana.

Muchas veces, por ejemplo, ha afirmado, de manera muy clara, que su principal acción entre la gente no es llegar a “la posesión”, sino a la tentación. Una vez, en el momento en que el rito del exorcismo se dirigía a él, llamándolo: “raíz de todos los males, fuente de los vicios, seductor de los hombres, engañador de los pueblos”, resumió su acción tentadora en una síntesis excepcional y categórica: “¡nuestro ‘deber’ es tentar siempre, a quien sea, en donde sea y como sea. Algunos caen en nuestra red, por lo menos temporalmente, otros caen, para siempre!” En otro exorcismo afirmó: “Él (se refería a Dios) quiere almas libres y santas, yo quiero almas esclavas”.

En cuanto al poder de la oración, un día, al momento de decir “Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos”, se sintió obligado, a decir de Dios: “Si vivieran de rodillas ante Él y cantaran sus alabanzas, como lo hacen los ángeles del cielo, nosotros no tendríamos ya, ningún poder sobre ustedes”.

Una característica recurrente en los exorcismos es la manifestación de la soberbia del demonio, tanto que un día, tuvo que reconocer: “Mi soberbia es, al mismo tiempo, mi poder y mi condenación”.

También una exigencia recurrente es la de querer ser adorado como si fuera Dios. No queriendo reconocer su condición de creatura, se ilusiona a sí mismo con la idea de ser Dios, queriendo recibir, de los hombres, el culto que corresponde solamente a Dios.

Frecuentemente, mientras es exorcizado, dice “¡Adórenme, adórenme, yo soy dios, yo soy dios. Pónganse de rodillas cuando se pronuncie mi nombre. Yo soy el omnipotente, invóquenme!” Ante estas palabras, (como indica el número 20 de las normas que se han de observar en los exorcismos del Ritual Romano), se puede responder con frases tomadas de la Sagrada Escritura, por ejemplo las palabras de Jesús en el desierto: “¡Retírate, Satanás! Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y a Él solo le darás culto”. (Mt. 4, 10). O con la palabras de San Pablo: “Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y bajo la tierra, y toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil. 2, 10-11). Algunos exorcistas añaden frases espontáneas, de este tipo: “¡Sólo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son Dios.

No existe otro Dios. Póstrate delante de Él y adóralo!” A la invitación de adorar al único Dios verdadero, siempre el demonio responde rabiosamente y con soberbia y presunción: “¡Nunca, nunca!, ¡Yo soy dios! Mira a tu alrededor y verás cómo todos me siguen, cómo todos buscan aquello que yo les quiero dar!” Otra vez, mientras se le decía: “No hay otro Dios fuera del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…”, respondió: “El poder que tengo sobre los hombres, es mi dios”. En la práctica quería decir que él se consideraba como un dios entre los hombres que viven en pecado, lejos del verdadero Dios. Todavía, otra vez, mientras el exorcista decía: “¡Adóralo, Él es tu Dios, Él te ha creado, Adóralo!”, el demonio protestó: “Él fue a encarnarse en ustedes, que es lo más asqueroso y humillante que se puede hacer. La repugnancia que debió sentir cuando entró en la carne de ustedes, sólo nosotros la sabemos!”
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