×
José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
ver +
Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

" Comentar Imprimir
06 Junio 2011 03:00:29
Revelaciones del diablo, durante los exorcismos (II de V)
Impresiona mucho lo que le sucedió a un exorcista cuando repetía la oración que un ángel les enseñó a los tres pastorcitos de Fátima, Francisco, Lucía y Jacinta. Un año antes que se les apareciera la Virgen María, el ángel se les apareció por tercera vez teniendo en la mano un cáliz y sobre él una Hostia, de la cual caían sobre el cáliz algunas gotas de sangre.

Dejando el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió por tres veces la siguiente oración: “Santísima Trinidad, Padre, Hijo, Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales ha sido ofendido y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, les pido la conversión de los pobres pecadores”. Cuando el exorcista comenzaba a recitar esta oración, el demonio tenía reacciones de rabia, que crecían de intensidad cuando llegaba a las palabras: “en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales ha sido ofendido” y se hacían todavía más fuertes durante las palabras finales: “les pido la conversión de los pobres pecadores”.

Otra actitud característica del demonio, durante los exorcismos, es la de amenazar frecuentemente con el exterminio y la destrucción: todo aquello que es bello, bueno, sano, armónico, dice, con un lenguaje burlón, que lo tiene en la mira con la intención de arruinarlo y destruirlo: “No pocos de nuestros servidores en el mundo, logramos colocarlos en los puestos más altos de mando, y desde ahí, los dominan y destruyen”. De manera muy particular se descubre cómo el demonio tiene gran odio al sacramento del matrimonio y a los afectos familiares: en efecto, reacciona con mucha violencia cuando se bendice el matrimonio de los esposos o cuando son invitados a renovar sus promesas matrimoniales.

Un día, expresó muy bien su odio contra la familia, con estas palabras: “¡No me agradan cómo van vestidas las mujeres. Deben andar cada vez más desvestidas, así el sexo será cada vez más dominante y yo podré destruir, más fácilmente, a las familias!” Otras veces ha definido los órganos sexuales, (con evidente lenguaje metafórico), como “el centro del mundo”. En otras ocasiones, se han descubierto sus reacciones rabiosas cuando el exorcista bendice el noviazgo de aquellos jóvenes que se han comprometido seriamente a vivirlo en la castidad, definiendo esta elección como si fuera una porquería.

Impresiona mucho, el odio puro y su profunda satisfacción en el mal, en cualquier forma en que sea realizado. Una vez un exorcista se quedó asombrado cuando el demonio dijo: “Toma aquella peste del libro del Apocalipsis, en donde se refiere a aquella Mujer que da a luz. Yo siempre trato de tragar a los niños. ¿Sabes cómo?”. Y el demonio describió, con palabras escalofriantes, tanto el exterminio diario, en todas partes del mundo, de millares de niños en el seno materno, como también las violencias sexuales contra ellos, y lo que hacía más repugnante tales descripciones, era que cada vez que las hacía, agregaba la expresión: “¡cómo gozo!”

Esta misma expresión la ha usado también refiriéndose a los jóvenes que con la adicción a las drogas viven como animales. Otra vez, aludiendo nuevamente al aborto, dijo: “¡Inclusive, hasta me han autorizado!” (evidentemente, refiriéndose a la legalización del aborto), y soltó una larga y perversa carcajada. También sorprende mucho, el modo como voltea al revés la realidad y los principios fundamentales de la moral, considerando el bien como mal y el mal como bien.

Por ejemplo varias veces, al presentarle una reliquia de los santos, exclamó: “¡Qué peste! ¡Es la peste de aquel que ha sido elegido por Él! (se refería a Jesucristo, que por odio y desprecio no lo menciona casi nunca)”. Al presentarle una corona del Rosario, la ha definido así: “Cadena maldita con la Cruz en el fondo”, al rociarlo con agua bendita, protestó diciendo: “No quiero ser lavado con esa agua que apesta a estiércol y que me quema”.

Al pronunciar las palabras “¡Bendice, Señor, a este hermano!”, inmediatamente respondió: “¡Que sea maldito, lo llevaré conmigo al infierno!” Al oír las palabras del Evangelio: “Vengan a Mi, todos ustedes, que están cansados y oprimidos, y Yo los aliviaré” (Mt. 11, 28), inmediatamente dijo: “Vengan a mí todos ustedes que son “alegres”, vengan a mí todos ustedes que son perversos y yo los aliviaré”.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5